9 meses… ¿Nos lo quedamos?

Galatea Bellugi y Kacey Mottet Klein interpretan a Mélanie y Maxime. Imagen: '9 meses' (Compacto)
Galatea Bellugi y Kacey Mottet Klein interpretan a Mélanie y Maxime. Imagen: '9 meses' (Compacto)

Hay películas que vería una y otra vez, que me hacen decir «tenéis que ir a verla» a todos mis amigos; películas con las que aprendo y me emociono como si viviera en la cabeza de esos personajes. 9 meses es una de esas historias que, mediante la construcción de una realidad paralela, comunican algo más que una idea o un mensaje.

La ópera prima del director franco-belga Guillaume Senezque puede verse en varios cines del país estos días— emana un realismo crudo y dulce a la vez, con todo lo complejo e impredecible de la vida misma. Apodada «la Juno europea», 9 meses cuenta la historia de Maxime y Mélanie, una pareja que se quiere con la locura, torpeza y efervescencia propias de la adolescencia, cuando de repente sus prioridades y preocupaciones cambian. Ya no tienen que elegir un videojuego, una serie nueva o un lugar para cenar el sábado, sino que se ven obligados a decidir si quedarse o no con el ser diminuto que ahora late en el vientre de ella. «Más allá del tema de la paternidad (o la impotencia de la paternidad) o el embarazo en la adolescencia, uno podría decir que 9 meses es una película sobre el deseo», me confesaba el director al hablar con él. Efectivamente, este es el telón de fondo de cada escena: el deseo de ambos de tomar la decisión correcta, el deseo de él por llegar a ser un portero de fútbol profesional —de ahí el doble sentido del título en inglés, Keeper, que se pierde en castellano—, el deseo de ser un buen padre de familia, el deseo de volver a ser una niña y, en última instancia, el deseo de saber qué es lo que uno/a desea realmente.  

El personaje de Maxime es interpretado por un jovencísimo Kacey Mottet Klein, cuyas dotes de actuación son una mezcla entre el descaro de Belmondo y la ternura de Jean-Pierre Léaud. La actriz Galatea Bellugi encarna el personaje de Mélanie: «No la conocía, pero su aparente fragilidad y timidez ofrecieron un contraste perfecto con Kacey, que emana, por el contrario, una seguridad y carisma innatos», dice Senez. Después de meses de casting, dieron con la pareja adecuada. ¿Cómo consiguen transmitir esa frescura y naturalidad? ¿Son ellos así en la realidad o se han aprendido un guión?, le pregunto al director, que co-escribió la historia junto a David Lambert. Senez asegura que nunca les da el guión escrito a sus actores:  «Ellos reciben un resumen de la historia, sin ningún diálogo. En el ensayo, trabajamos juntos en la investigación de cada personaje y una vez que cada actor ha encontrado su personalidad, todo se vuelve más fácil. En el rodaje partimos de la improvisación y luego poco a poco yo les acompaño en los diálogos sin que tenga que dárselos».

Cada movimiento de cámara es sutil, emotivo y eficaz; refleja la realidad tal cual es, mostrando una belleza aplastante sin florituras

Los actores adultos también se suman a este pulso entre la realidad y la ficción, entre lo genuino y lo artificial. Laetitia Dosch y Catherine Salée interpretan a unas madres que adoptan posturas opuestas a la hora de decidir sobre el futuro del bebé, cada una con sus razones. La complejidad de los puntos de vista nos hacen dudar sobre quién debería tener la última palabra sobre el asunto. «La decisión es tuya», le dice el asesor de planificación familiar a una Mélanie confundida. Pero, ¿es esta niña de 15 años lo suficientemente independiente como para tener un hijo sin contar con el apoyo de su madre, por ejemplo? El padre de Maxime (Sam Louwyck) aparentemente se mantiene más al margen, pero se muestra cercano al chico y le acompaña en el desarrollo de los acontecimientos. A través de sutiles palabras y gestos, se aprecia que ambas familias han construido sus relaciones basándose en el afecto y la confianza.

Además de un guión bien armado y unos actores excelentes, una buena película necesita dar con la forma adecuada de contar la historia visualmente. En el film abundan los primeros planos de los dos jóvenes, rodados con gusto y una sencillez extrema. Esos momentos en los que sus rostros llenan la pantalla revelan todos los anhelos, las preocupaciones y el cariño que sienten, sin necesidad de palabras grandilocuentes. No sorprende que el director de fotografía, Denis Jutzeler, venga del mundo del documental: se acerca a los actores sigilosamente, aportando inmediatez e intimidad a la escena, como si estuviera ocurriendo realmente delante de nuestros ojos. Cada movimiento de cámara es sutil, emotivo y eficaz; refleja la realidad tal cual es, mostrando una belleza aplastante sin florituras.

Mélanie y Maxime piensan en su futuro.

Mélanie y Maxime piensan en su futuro. Imagen: ‘9 meses’ (Compacto)

Si considero que esta película es educativa no es porque intente imponer un mensaje o aleccionar al público, sino porque nos enseña a desarrollar un criterio, a cuestionar nuestros principios. Aprender a decir que no, respetar y hacerse respetar, confiar en los que te rodean, son cuestiones que pocas veces se aprenden en los libros, sino que se van descubriendo poco a poco en la vida, cometiendo errores. Pero a veces también se descubren en la ficción. Por suerte, el cine entendido como materia y herramienta pedagógica está empezando a cobrar un peso importante en nuestro país gracias a iniciativas como CinEd o Aulafilm. Miles de jóvenes podrán ver, comentar y analizar películas de autor, en su mayoría europeas, que les van a enseñar nuevos valores y a transmitir otra forma de percibir y reflexionar, «convirtiéndoles en espectadores, no en consumidores», como dijo hace poco José Luis Guerín. Por otro lado, esta película nos hace reflexionar sobre la educación sexual en sí misma, la gran olvidada de todos los planes de estudio —menos en Francia, cuyas aulas cuentan hasta con una reproducción en 3D del clítoris— y también de las instituciones dedicadas al asesoramiento y tratamiento necesario en estos casos.

«¿Quién soy yo para instaurar ninguna verdad? Yo no tengo esa pretensión. No me gusta cuando un director me coge de la mano y me dice lo que está bien o mal» (G. Senez)

Maxime y su padre entrenan al fútbol juntos.

Maxime y su padre entrenan al fútbol juntos. Imagen: ‘9 meses’ (Compacto)

La primera película de Senez pone a prueba el criterio y la conciencia del espectador al construir un relato donde, según él, ni en la vida ni en el cine «nada es todo negro o todo blanco. El hombre no nace malvado. Todo es explicable». Por eso no se vislumbran verdades absolutas ni dogmas, algo realmente insólito cuando se trata de temas como el aborto, la adopción o el instinto maternal/paternal. «¿Quién soy yo para instaurar ninguna verdad? Yo no tengo esa pretensión. No me gusta cuando un director me coge de la mano y me dice lo que está bien o mal. Mi intención está lejos de querer dar un mensaje, simplemente quiero hacer reflexionar al espectador», dice Senez. «La película está concebida para que cada espectador pueda identificarse de acuerdo a su propia sensibilidad, a su propia experiencia, a su propia moralidad». Y lo realmente maravilloso es que se puede empatizar con varios personajes a la vez en una sola escena, entendiendo pedacitos de verdad que llevan a las causas detrás de cada decisión. Escena tras escena, la película le pregunta al espectador: ¿y qué harías tú? Entonces uno se olvida de qué papel juega en la realidad —no importa si es una niña, un padre o una abuela—, y pasa a convertirse temporalmente en alguien que fue, que podría ser o que será algún día.

Muchos espectadores suelen ir al cine para evadirse de lo cotidiano. Esta película nos lleva de nuevo a la realidad, pero lo hace desde otro lugar, utilizando las claves de un cine hecho con cariño, con honestidad; nos devuelve a lo real con una historia de ficción que nos ayuda a enfrentar y entender mejor nuestro pequeño mundo.  «Si la complejidad que se muestra puede causar una reflexión o abrir un debate, creo que ya se ha ganado algo», concluye Senez. De eso se trata el cine, al fin y al cabo, de salir de tu cuerpo para ponerte en la piel del otro; y de ahí que la empatía generada por los personajes de la pantalla nos ayude a desarrollar sensibilidades y a experimentar emociones que de otra forma no conoceríamos.

 

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Maxime y Mélanie en una feria de atracciones. Imagen: ‘9 meses’ (Compacto)

Marta San Vicente Feduchi

Marta San Vicente Feduchi

(1989) Realiza sus estudios en música y cine en Madrid y Bolonia, y en 2014 se especializa en Teoría del Cine (Universidad de Ámsterdam) con una investigación acerca de la importancia del sonido en una película para crear lazos de empatía con el espectador, utilizando casos con personajes ciegos.
Marta San Vicente Feduchi