África occidental no se olvida del ébola

Fotografía de UNMIL/Emmanuel Tobey publicada en Flickr bajo licencia CC
Fotografía de UNMIL/Emmanuel Tobey publicada en Flickr bajo licencia CC

El 22 de marzo de 2014, el Ministro de Sanidad guineano informó a la Organización Mundial de la Salud de 49 casos de infección y 29 muertes por ébola en cuatro distritos diferentes de Guinea-Conakry. En ese momento comenzó el más letal de los casi veinte brotes de esta enfermedad desde que apareció en 1976.

A mediados de febrero, el total de infectados ascendía a más de 22.828 personas que, salvo 6 casos (4 en EE. UU., 1 en Reino Unido y 1 en España), se concentraban en África occidental, y casi exclusivamente en Guinea, Liberia y Sierra Leona, países que representaban el 13 %, 39 % y 48 % del total de infectados respectivamente.

Aunque la relación entre infectados y el total de la población afectada no parece significativa (el porcentaje se sitúa entre el 0,03 % y el 0,26 %), la enorme alarma social generada se debe a la altísima tasa de mortalidad del ébola: 40 % de media, siendo del 66 % en Guinea, el 44 % en Liberia y el 31 % en Sierra Leona.

El ébola ha provocado 9.177 muertes desde su aparición y ha pasado a ser la segunda causa de mortalidad en estos tres países después de la malaria y por delante de la tuberculosis.

Figura 1: Relación de infectados - fallecidos por ébola en África occidental. Fuente: Elaboración propia con datos recogidos de la OMS.

Figura 1: Relación de infectados – fallecidos por ébola en África occidental. Fuente: Elaboración propia con datos recogidos de la OMS.

El ébola es un virus más letal que contagioso. En otras palabras, mientras que la tasa de letalidad asciende a 0,7 (sólo por detrás del VIH, que tiene una tasa de 0,9), la tasa de contagio se sitúa en 2,5, por detrás de enfermedades como el sarampión (18), varicela (9) o la polio (7). Una tasa de contagio del 2,5 significa que, por cada persona infectada con ébola, se  contagiarán de media 2,5 personas.

¿Qué supone económicamente esta enfermedad?

Este brote de ébola no solo ha supuesto una catástrofe en términos humanos y sanitarios, sino que además ha afectado enormemente al desarrollo y crecimiento económico de unos países ya de por sí vulnerables. Guinea, Liberia y Sierra Leona, los países más afectados, pertenecen al grupo de países con el nivel de ingreso más bajo según la clasificación del Banco Mundial y se encuentran a la cola en cuanto a desarrollo: en 2013, contaban con un PIB per cápita en dólares corrientes de 523,1 $; 454,3 $ y 679 $ respectivamente (el PIB per cápita de España era de  29.863 $ ese mismo año) y un Índice de Desarrollo Humano de 0,39 en Guinea; 0,41 en Liberia y 0,37 en Sierra Leona (el IDH español era de 0,87 en 2014).

Según datos del Banco Mundial, las pérdidas esperadas del PIB a causa del ébola son de 540 millones de US$, en Guinea, 180 millones en Liberia y 920 millones en Sierra Leona. En términos relativos y como porcentaje del PIB esperado para 2015, estas pérdidas suponen un 4,3 % en Guinea, un 10 % en Sierra Leona y un 3,6 % en Liberia. Como muestra la figura 2, las tasas de crecimiento pronosticadas antes de detectarse el brote de ébola difieren enormemente de las previsiones actuales, tornándose en crecimientos del PIB significativamente menores  e incluso negativos.

Figura 2: Tasas de crecimiento pronosticadas. Escenario pre-ébola frente al actual. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial

Figura 2: Tasas de crecimiento pronosticadas. Escenario pre-ébola frente al actual. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial

La enfermedad provocó la pérdida de la cosecha de los agricultores, el cierre temporal y ocasional de los mercados, los problemas de liquidez en el sistema financiero empujados por una mayor incertidumbre y fuga de capitales, las restricciones totales de movimientos a los artesanos, el cierre de las oficinas del gobierno y el despido de trabajadores de las minas y otras empresas, factores que contribuyeron a la pérdida sustancial de ingresos de los hogares.

Por supuesto, esta última crisis de ébola no solo repercute en los países directamente afectados, sino también en gran parte de África occidental. Países que lograron contener la epidemia como Nigeria, que contó con 20 infectados y 8 fallecidos, Mali, con 8 infectados y 6 fallecidos, o Senegal, con 1 infectado, experimentaron en su economía grandes pérdidas en el comercio debido al cierre de fronteras, la interrupción de las cadenas de suministro, una reducción en los viajes y el turismo, y la cancelación de eventos internacionales. Ellos no fueron los únicos en sufrir consecuencias, también Gambia, Burkina Faso o Costa de Marfil (a pesar de no haber tenido ningún caso de infección) han visto su actividad económica afectada por el brote infeccioso, e incluso países como Tanzania, Kenia o Sudáfrica (mucho más alejados de las zonas afectadas) también han sufrido consecuencias como resultado de una reducción del turismo. La mayoría de los países del África subsahariana han experimentado pérdidas en el comercio y caídas del turismo debido a un comportamiento de aversión, si bien estos impactos han sido demasiado pequeños como para influir en las cuentas nacionales de dichos países[1].

Según los últimos datos del Banco Mundial, se estima que el impacto económico global en África, sin contar los países directamente afectados, ha ascendido a más de 500 millones de dólares (un 30 % del impacto generado conjuntamente en Guinea, Liberia y Sierra Leona), y puede ascender a 6.000 millones de dólares en el caso de no contener otros posibles contagios.

Acción colectiva: más allá de los costes

Como muestran los expertos de ISGlobal, la pobreza, la vulnerabilidad de las comunidades afectadas y la fragilidad en sus sistemas de salud —Liberia, por ejemplo, tenía un total de 43 médicos para una población de 4.3 millones en 2013— hacen difícil frenar el avance de la enfermedad, posibilitando que el brote se expanda a nuevas geografías.  El ébola es un ejemplo del coste (mortal) que trae consigo la desigualdad en el acceso a servicios básicos así como de las consecuencias de nuestro fracaso en garantizar una salud global eficiente y de todos.

La única manera de frenar la expansión de la enfermedad en África, y en el resto del mundo, es cortarla en origen, garantizando los recursos necesarios para sostener los sistemas locales de tratamiento y prevención del ébola. El ébola ha dejado claro que la salud no es un problema individual, ni tan siquiera nacional, sino que se trata de un asunto global que requiere una acción colectiva.

En el caso del ébola, la respuesta internacional fue coordinada por la ONU en septiembre de 2014 (a pesar de que la crisis comenzó a finales de marzo) cuando publicó The Overview of Needs and Requirements, la guía a seguir por aquellos interesados en esforzarse por luchar contra el ébola. Numerosos países y entidades realizaron aportaciones económicas para luchar contra el ébola, alcanzando un total de 2.800 millones de dólares. Los fondos desembolsados, que aún hoy se encuentran muy por debajo del umbral necesario, difieren mucho entre países. Por ejemplo, de acuerdo con el Financial Tracking Service de OCHA, los tres principales donantes a esta causa son Estados Unidos, Reino Unido y, por último, donantes privados que han aportado conjuntamente el 55,3 % de los fondos destinados a la lucha contra el ébola. España se encuentra en el puesto 25 con una contribución de  10.138.965 $, el 0,4 % de los  citados fondos.

A pesar de estas ayudas, cada vez parece que nos olvidamos más de este brote. Mientras que en 2014, debido al único caso de infección en nuestro país, ébola fue la  cuarta palabra que más creció en las búsquedas de Google, hoy ni siquiera aparece en las estadísticas.

Así que, aunque solo sea por egoísmo inteligente, no deberíamos permitirnos el lujo de olvidarnos de esta enfermedad y deberíamos centrarnos en aunar fuerzas para erradicarla, procurando entre todos actuar de manera inmediata, reforzando los sistemas de salud y calidad de vida de los países afectados, destinando fondos a la investigación y desarrollo de tratamientos y vacunas contra el ébola, y contribuyendo a las iniciativas de alivio de la carga fiscal y recuperación económica como la condonación de deuda, entre otras muchas medidas recogidas en el programa de acción de Naciones Unidas.

[1] ^World Bank (2015): The Economic Impact of Ebola on Sub-Saharan Africa: Updated Estimates for 2015 , p. 10,  January 20

Adriana Orbea

Adriana Orbea

Research Assistant at Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)
Soy estudiante del máster en Cooperación Internacional al Desarrollo de Comillas. Me encanta viajar, leer, escuchar música y me paso la vida en el campo.
Adriana Orbea

Latest posts by Adriana Orbea (see all)