Joaquín Almunia: «Los países europeos no tienen el futuro asegurado si no se unen y si no actúan con una visión común»

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Joaquín Almunia (Bilbao, 1948) es uno de los políticos españoles con mayor experiencia internacional, particularmente en el ámbito de la Unión Europea. Tras ser comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios entre 2004 y 2010, fue vicepresidente y comisario europeo de Competencia hasta el 2014. Formó parte del Gobierno de Felipe González, primero como ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y posteriormente como ministro de Administraciones Públicas. Se licenció en Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Comercial de Deusto y completó sus estudios de posgrado en l’École Pratique des Hautes Études en París. Le gusta el helado de turrón y el Athletic de Bilbao.

 

 

A pesar de haber vivido la mayor crisis económica europea desde las trincheras ¿sigue teniendo esa fuerte vocación europeísta que tanto le caracteriza?

Si, esto es mucho más profundo que la manera en la que se afronta una crisis. Las instituciones europeas, los países europeos y sus respectivos gobiernos no han afrontado bien la crisis y han cometido errores. Eso no quiere decir que la idea de Europa esté en cuestión sino que el modo en que se gobierna y el modo en el que se toman decisiones en Europa hay que mejorarlo. Pero eso pasa en Europa, en España, en ayuntamientos y familias. Pasa en todos los sitios.

 

Cuando dijo «todos mis recuerdos son siempre de derrotas», ¿se refería al fútbol o a la Estrategia de Lisboa?

No me acuerdo de haber dicho eso, pero es muy posible que fuese de fútbol. Me llevo las manos a la cabeza cada vez que jugamos la final contra Barcelona, y ya van tres seguidas.

En el mundo de hoy, los países europeos no tienen el futuro asegurado si no se unen y si no actúan con una visión común

En su entrada al blog más reciente habló sobre Grecia y los riesgos de ruptura. No es un juego pero hay cronómetro y el tiempo (y la paciencia) se agota. ¿Son reales los riesgos de ruptura? ¿Cuáles serían los costes económicos de un Grexit?

Como en toda negociación hay un riesgo real de ruptura. A pesar de que nadie quiere la opción del Grexit, los riesgos existen porque todas las partes que están sentadas alrededor de la mesa de negociación tienen unas posiciones que no se aproximan lo suficiente. Y en este caso, dada la situación de Grecia, los problemas a los que se enfrenta la sociedad griega y las decisiones tan importantes que hay que tomar (por parte de Grecia pero también por parte de los países europeos) no hay que descartar ese riesgo. Por lo tanto, hay que tener presente el precio elevadísimo que habría que pagar por una ruptura y empezar a flexibilizar posiciones para llegar a un acuerdo.

Yo creo que los costes económicos serían altísimos para Grecia, pero también serían importantes para el resto de los países miembros de la zona euro y para la propia Unión Europea. Desde mi punto de vista, los costes serían todavía mayores en términos políticos. En el mundo de hoy, los países europeos no tienen el futuro asegurado si no se unen y si no actúan con una visión común.

 

Existen considerables desequilibrios macroeconómicos e importantes divergencias en términos de competitividad en la Unión Europea. ¿Cómo ha contribuido la política monetaria común a la acumulación de estos desequilibrios y cómo puede contribuir a su disminución? ¿Debería Alemania entonar un mea culpa?

La política monetaria la decide el Banco Central Europeo (BCE). Es cierto que tiene su sede en Alemania, pero la política monetaria la deciden las instituciones del Banco donde están representados todos los Bancos Centrales de los países del euro y que, a su vez, representa el conjunto de la zona euro. Por lo tanto, no hay que echar a Alemania más culpa de la que tiene. Además, Alemania no es el único país que tiene que asumir responsabilidades…

Es importante recordar que la política monetaria no lo puede todo. Es verdad que el BCE es la única institución federal digna de tal nombre que existe en la zona euro, por lo tanto, puede adoptar decisiones con mayor facilidad y mayor eficiencia. Como institución federal, tiene además la obligación de tener una visión común del conjunto de la zona euro y no una visión tamizada por el interés nacional de un país o de otro. A pesar de eso, como he dicho antes, la política monetaria no lo puede todo. Echar la culpa, por ejemplo, de la burbuja inmobiliaria de España a la política monetaria del BCE me parece un error. Las mayores responsabilidades de la burbuja inmobiliaria en España están en quienes la promovían, es decir, en quienes ponían suelo a disposición de los promotores (con independencia de si hacían falta o no viviendas). Las verdaderas responsabilidades están en el modo en el que los promotores se financiaban, el modo en que se ofrecían y se tomaban hipotecas, el modo en que muchos ciudadanos españoles y no españoles tomaba la vivienda como un bien de inversión, igual que una acción o un activo financiero cualquiera.

 

Entre otras medidas, el Ecofin ha pedido a España este mismo viernes que los salarios se vinculen a la productividad. ¿Cree que será suficiente para disminuir las tasas de desempleo, la segmentación del mercado de trabajo y fomentar la productividad?

El que los salarios se vinculen a la evolución de la productividad es obvio, así tiene que ser. Sobre todo en un periodo como el que estamos viviendo en que no hay prácticamente inflación y por lo tanto no hay margen para que los aumentos nominales puedan ser absorbidos como si estuviésemos viviendo en periodos de inflación de 8 %, 10 % o 15%.

Pero la evolución de los salarios no es el único problema que tiene el mercado de trabajo español. El mercado de trabajo se ha enquistado en la segmentación y, desde mi punto de vista, la manera de romper ese círculo vicioso (esa separación entre trabajos permanentes y temporales) es hacer una reforma más profunda del mercado de trabajo, poner en marcha políticas activas de empleo de forma que aquellos que se encuentran en desempleo se puedan reincorporar al mercado de trabajo cuanto antes en condiciones competitivas.

Por otro lado, también hay que ver qué tipo de sistema productivo tenemos en España.  Si el sistema económico crece solo en sectores de baja productividad y de actividades estacionales, por mucha reforma de trabajo el empleo temporal y precario no va a desaparecer. Hay que añadir valor, innovación y eficacia en la manera en la que se adoptan decisiones económicas. Un sistema productivo más fuerte y competitivo ofrecerá mejores empleos y más capacidades para crear carreras profesionales con más estabilidad y más expectativas de futuro.

 

Siguiendo con el tema del desempleo. El paro en España sigue estando en niveles escalofriantes, 23,8 % según la última EPA. ¿Cuál cree que sería la medida más importante que habría que tomar para reducir el paro en España? ¿Está a favor o en contra del contrato único?

En España hay que hacer muchas cosas para reducir el paro, mejorar el sistema educativo, el sistema de formación permanente, las políticas activas de empleo, el funcionamiento del mercado de trabajo de manera que no exista esa segmentación y precarización de una parte de los empleos… Hay que hacer muchas cosas en prácticamente todos los ámbitos, hay que debatirlas en serio, y no a partir de anteojos ideológicos que evitan mirar a la realidad tal cual es. Uno de los anteojos ideológicos que hay que quitarse de la cara es el pavor del contrato único. El contrato único es una idea, no es bálsamo de Fierabrás pero parece, desde mi punto de vista, bastante racional pensar que avanzar hacia la eliminación de las diferencias que existen hoy en día en nuestro sistema jurídico-laboral entre un contrato permanente y un contrato temporal tendrá consecuencias positivas para alargar la duración media de los empleos disponibles y para ofrecer expectativas de futuro a quien por fin consigue tener un empleo.

 

Hablemos del futuro de Europa. El crecimiento en la productividad de la Unión Europea ha disminuido de un promedio de 2,8 % por año antes de 1995 a un promedio de 0,8 % desde 2004 hasta ahora. ¿De dónde vendrá la fuente de crecimiento y cómo se distribuirá?

La fuente de crecimiento de Europa tiene que venir de la inversión tanto del sector público y al sector privado. Es curioso que la economía más fuerte de Europa (Alemania) tenga una tasa de inversión sobre el PIB muy baja (17,7 % en 2014).  Por lo tanto, hay que crear incentivos de inversión, financieros, de mercado, de demanda, de proyectos y de expectativas de beneficio. Hay que ligar mejor la investigación, la innovación y la inversión de manera que en Europa se puedan desarrollar sectores en condiciones competitivas con mayor capacidad de generar valor añadido, con mayores posibilidades de generar ganancias de productividad efectivas y no ganancias de productividad sobre la base de destruir empleo.

A su vez, hay que elevar el nivel de empleo. No es incompatible elevar la productividad con elevar los niveles de empleo. Esto exige un mercado de trabajo que funcione mejor, exige abrir más las puertas a la movilidad laboral dentro de Europa (en vez de cerrarlas, como están haciendo algunos gobiernos). El aumento del empleo en Europa es necesario no solo por razones de crecimiento y de expectativas de futuro, sino también por razones de la evolución demográfica, que es muy preocupante.

La solución de más empleo y más productividad es fácil decirla, otra cosa es qué hay que hacer para conseguirla. ¿Se puede conseguir? Sí, hay países en Europa que tienen niveles de productividad y tasas de empleo mucho más elevadas que la media Europea. Por lo tanto, no es incompatible ser europeo y apoyar una economía europea con un modelo social fuerte con ser competitivo, elevar la productividad y generar el empleo necesario.

 

¿A qué países te refieres?

Los países que mejores resultados tienen tanto en términos económicos como en empleo y en su modelo de cohesión social son los escandinavos.

 

Siempre estamos con los mismos…

Bueno, no todo el mundo puede ser sueco, rubio y con los ojos azules, pero si tienen buenas iniciativas, prácticas y experiencias hay que preguntarse cómo se consiguen. No para copiarlas al pie de la letra, sino para inspirarse y adaptarlas a las condiciones de cada país.

No es incompatible ser europeo y apoyar una economía europea con un modelo social fuerte con ser competitivo, elevar la productividad y generar el empleo necesario

Europa está mucho más atrasada que Estados Unidos en materia de tecnología y digitalización. Algunos incluso ven en las investigaciones a Google o las prohibiciones de Uber una respuesta desesperada al atraso europeo. ¿Que reformas habría que llevar a cabo en Europa para disputar a EE. UU. su dominio en las plataformas digitales?

Yo creo que no es cierto pensar que el que Europa investigue prácticas abusivas en el mercado por parte de Google (como está haciendo la Comisión Europea) a partir de una óptica del miedo a las empresas avanzadas tecnológicamente de Estados Unidos y del intento de poner barreras para que no triunfen en el mercado europeo. No es verdad. De hecho, Google tiene en el mercado europeo una cuota de mercado muy superior a la que tiene en Estados Unidos. Lo que está en discusión no es la cuota de mercado de Google, sino qué hace Google a partir de esa cuota de mercado (que es superior al 90 %). ¿Abusa o no abusa de su posición del mercado? Es decir, no se discute la posición, se discute si se abusa o no de la posición. La opinión de la Comisión Europea es que hay abusos, otra cosa es cómo se demuestra el abuso y en eso se está la investigación. Pero de la misma forma en la que se investigan empresas europeas, japonesas, etc.

Uber es un caso distinto porque no tiene ninguna investigación desde el punto de vista del antitrust o de competencia. Uber es una empresa que desarrolla una actividad que tiene problemas jurídicos porque opera en un mercado que está regulado. Si una empresa, ya sea americana o de Cuenca, tiene una actividad que no se acomoda a la regulación existente, hay dos posibilidades: cambiar la regulación, porque puede haber aspectos que debiera reconocer la regulación como perfectamente legítimos, pero a la vez, hay que preguntarse cuáles son los límites de la desregulación o de la limitación de la regulación. Y no solo desde una perspectiva europea, aquí en Estados Unidos el otro día vi una sentencia que le dice a Uber (creo que un tribunal californiano), que los conductores de los vehículos deben ser considerados como sus empleados, y eso cambiaría el modelo de Uber. No sé cuál va a ser la solución final pero a mí me gusta como usuario poder tener una oferta diversificada de servicio público de taxis o de transporte, pero quiero que existan unas condiciones mínimas para el usuario y el conductor del vehículo correspondiente. Hay que encontrar un equilibro.

 

Y para terminar, ¿un mensaje para mi generacion?

¿Solo uno? (ríe). Estáis empezando a vivir en un mundo que está cambiando muy rápido. Un mundo donde las fronteras nacionales ya no significan lo que significaron históricamente en los últimos siglos, por lo tanto, yo recomiendo eliminar cualquier tipo de visión nacionalista, de recelos o de reticencias ante los diferentes, ante los que piensan de otra forma, han nacido en otro lugar, tienen otras creencias o hablan otros idiomas. El mundo es cada día más global y hay que saber sacar partido a esa diversidad y a esa heterogeneidad sin tenerle miedo y aprovechando las oportunidades. Eso como primera recomendación.

Y después, vais a vivir en un mundo necesita muchas reformas para no perder dinamismo y las oportunidades. Resulta aparentemente paradójico pensar que hay muchos cambios y a la vez un proceso tan evidente de envejecimiento. Y el envejecimiento lleva a un cierto conservadurismo y un recelo a reconocer que las cosas cambian para mejor en muchas ocasiones. Mientras seáis jóvenes tenéis que eliminar esos recelos y crear condiciones para que la sociedad del futuro sea mucho mejor que la actual y que no sea una sociedad que haya perdido valor y oportunidades frente a la actual. Y eso, os toca a vosotros.

Nos toca.

Julia Ruiz Pozuelo

Julia Ruiz Pozuelo

Asistente de Investigación at The Brookings Institution
Tras haber estudiado Economía en la Universidad Carlos III de Madrid y en la Universidad de Berkeley, Julia trabaja en The Brookings Institution en Washington DC, donde se especializa en políticas económicas y análisis de impacto en países en vias de desarrollo. Julia toca el piano y pasa su tiempo libre de concierto en concierto.
Julia Ruiz Pozuelo