Actualmente es habitual encontrar noticias sobre la trata de personas en los medios de comunicación o en campañas publicitarias. Se sabe que existe y que es una lacra social, sobre todo en aquellos lugares tradicionalmente relegados a zonas de semi-legalidad como la prostitución. Sin embargo, a pesar de la cantidad de fondos invertidos y de esfuerzos para su erradicación,  es un tema que sigue estando sumergido en una cierta nebulosa, tabúes y a menudo  desinformación.

Las víctimas son normalmente las más perjudicadas, sobre todo cuando además de víctimas son inmigrantes “sin papeles”. La desinformación no solo afecta a los policías, jueces o personas que están más en contacto con las víctimas, sino que los propios ciudadanos no identifican potenciales situaciones de trata  (y por consiguiente no ayudarán a la víctima): es imposible combatir un fenómeno si no se sabe muy bien en qué consiste.

Entonces, ¿qué es la trata de personas? ¿Es lo mismo que la esclavitud o los trabajos forzosos? No, no son conceptos equivalentes. La trata es el proceso mediante el que se somete a una persona a una situación de explotación sexual, laboral o de tráfico de órganos utilizando violencia, fraude o abusando de una situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, las redes que traen mujeres de Europa del Este a Europa occidental para explotarlas sexualmente; o los trabajadores reclutados en Brasil para trabajar en las minas de carbón en condiciones de esclavitud. La trata consiste en el paso de una situación de no sometimiento a una de sometimiento y/o  explotación. Pero cuando comienza la explotación, ya no estamos hablando de trata.

Los primeros esfuerzos para acabar con el comercio transatlántico de esclavos datan del siglo XIX, con el movimiento abolicionista británico. En parte por consideraciones morales y posiblemente propiciada por un clima económico de libre comercio, Gran Bretaña utilizó su influencia política para forzar la decadencia de la trata de esclavos. En apenas un siglo pasó de ser un comercio a gran escala con una alta aceptación social a ser signo de “nación no civilizada”, y más adelante, a estar prohibida en un convenio internacional.

Sin embargo, basta con indagar un poco para saber que la trata de personas sigue existiendo actualmente. De hecho, según Patrick Belser, economista de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se estima que los beneficios mundiales anuales obtenidos mediante la trata de personas asciende a 31.6 miles de millones de dólares. De esa cantidad, más de 15 billones (casi la mitad) se obtienen en economías industrializadas. Estos datos no son sin embargo más que la punta del iceberg, dada la dificultad de poner cifras a un negocio ilegal que sigue siendo poco arriesgado y altamente rentable para aquellos que se dedican a esta actividad criminal.

La trata de personas genera 31.6 miles de millones de dólares anuales

Si atendemos a los datos comprobaremos que no es precisamente un fenómeno marginal: según la OIT, cerca de 21 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso en todo el mundo. Del total, 9,1 millones se han desplazado a nivel interno o internacional. Estos movimientos transfronterizos están estrechamente vinculados a la explotación sexual forzada, que afecta sobre todo en Asia Central y Europa del Este. La trata con fines de explotación laboral, en cambio, afecta en mayor medida a los países del Sudeste Asiático y Pacífico.

Figura 1. Víctimas detectadas de la trata de personas, por edad y sexo, 2011
Fuente: UNODC

Fuente: UNODC

 

 

 

 

 

 

 

 

Como muestra la figura 1, las más afectadas por la trata de personas son las mujeres adultas. Un tercio de las víctimas detectadas son menores de edad, y el 18 % restante son hombres. Estas víctimas son sometidas a explotación sexual, trabajos forzados y otras formas de explotación, entre ellos el tráfico de órganos (véase figura 2).  

La mitad de las víctimas son mujeres y un tercio son menores de edad

Además, en más de la mitad de los casos las víctimas de trabajos forzados habían sido objeto de trata previamente. Este dato se presta a varias lecturas: por un lado, que la trata de personas es una fuente importante de víctimas para estos trabajos (o incluso esclavitud) que es imprescindible combatir, pero también que existen otros mecanismos de sometimiento a las formas contemporáneas de esclavitud que hay que tener en cuenta.

Figura 2. Formas de explotación entre las víctimas de la trata detectadas por región de detección (2010-2012, o más reciente)
Fuente: UNODC

Fuente: UNODC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Unión Europea no se libra de esta lacra. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), la zona de Europa Occidental y Central es una de las principales áreas  receptoras de flujos de trata de personas con fines de explotación sexual (procedentes sobre todo del Este Asiático, África Subsahariana, Sudamérica y Europa del Este), datos consecuentes con los de Eurostat. Según éste último, en los 28 Estados Miembros de la Unión se registraron 30.146 víctimas durante el periodo de 2010 a 2012, de las cuales el 80 % eran mujeres destinadas sobre todo a ser explotadas sexualmente.

Dado que la trata de personas se lleva a cabo en todo el mundo, ¿qué están haciendo los países para luchar contra este delito? Por un lado y aunque más del 90 % de los estados tienen una legislación que criminaliza la trata de seres humanos, el número de condenas por este delito aún es extremadamente bajo. Según UNODC,  «solo 4 de cada 10 países comunicaron que habían registrado 10 o más fallos condenatorios por año y casi el 15% no había registrado ninguno en absoluto». Esta cifra se ha mantenido estable en los últimos años.

Por otro lado, aún hoy existen países que carecen de legislación (o en donde esta solo existe de manera parcial), países que suelen ser lugares densamente poblados. Como resultado, más de 2.000 millones de personas están desprotegidas ante este delito.

Finalmente, la asistencia a las víctimas también deja mucho que desear. Por poner un ejemplo en economías industrializadas, del total de las víctimas registradas en la Unión Europea recibieron asistencia 5.452, y permiso de residencia únicamente 1.100, número que parece claramente insuficiente si tenemos en cuenta el impacto del fenómeno, y que sugiere que el enfoque con el que se aborda la lucha contra la trata en la Unión Europea no es el más adecuado.

Más de 2.000 millones de personas están desprotegidas ante la trata

Como dice OSCE, «la trata está cada vez más conectada con tendencias económicas, especialmente en algunos sectores tales como la agricultura y la construcción, en donde la explotación de los trabajadores inmigrantes es ya un problema endémico. Por ello, la trata se está convirtiendo en un problema político y social decisivo aunque no se reconoce como tal. Por esta razón, prevenir y luchar contra la trata significa construir una sociedad que no tolere la explotación, y que se inspire en la idea de la justicia social. Cada gobierno o agente social, cada persona individual tiene un papel que desempeñar en esta lucha».

Una mayor visibilidad y sensibilización de la trata de personas puede ayudar a combatirla, y para ello es imprescindible saber que su sombra se proyecta en todas partes del mundo: en la oscuridad de los burdeles o en los trabajos en invernaderos, en el negocio de la construcción o en la intimidad de los hogares. No importa lo desarrollado que sea un estado, puesto que el caldo de cultivo de este fenómeno es la vulnerabilidad de las personas, y muchas veces esta está causada por la propia política migratoria de un país. Porque en muchas ocasiones, a éstos se les olvida la condición de víctima y sólo atienden a la de  extranjero.