Leïla Chaibi: «La fuerza de Mélenchon ha sido transformar el hartazgo en esperanza»

Leïla Chaibi en 2016. Imagen: Stéphane Burlot/Hans Lucas para «l'Obs»
Leïla Chaibi en 2016. Imagen: Stéphane Burlot/Hans Lucas para «l'Obs»

Leïla Chaibi (Dijon, 1982), candidata a las elecciones legislativas francesas de los próximos 11 y 18 de junio por la Francia Insumisa (FI), es una de las nuevas figuras mediáticas de la izquierda francesa. Inicialmente militante del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), en 2011 se unió a las filas del Parti de Gauche fundado por Jean-Luc Mélenchon, con el que se presentó a las elecciones municipales de 2014. Chaibi también ha desempeñado un papel relevante en movimientos sociales como Nuit Debout, las movilizaciones que sacudieron el panorama político francés hace un año.

Chaibi nos recibe en una cafetería del distrito 14 de París, un sector de la circunscripción que la candidata insumisa aspira a representar en la Asamblea Nacional. Durante la entrevista, recibe varios mensajes de su equipo sobre los detalles logísticos de una de las acciones de campaña: regalar en la calle churros con la forma de la letra griega fi, el logo de la Francia Insumisa. Un gancho para atraer la atención del vecindario y tener la oportunidad de contarles los principales elementos de El futuro en común, el programa de la Francia Insumisa para las pasadas elecciones presidenciales y las inminentes legislativas.

 

¿Qué valoración hace del resultado de las elecciones presidenciales?

En las últimas dos semanas de campaña, la progresión de los sondeos nos había convencido de que Jean-Luc Mélenchon iba a poder ser presidente, así que mi primera reacción fue de frustración por haber estado tan cerca y no llegar. Tampoco pude evitar enfadarme con Benoît Hamon. Estoy convencida de que si su candidatura no hubiera empleado tanta energía en atacarnos y difamarnos, hubiéramos tenido más posibilidades de pasar a la segunda vuelta. Lo peor son las razones que muchas veces se escondían detrás de estos ataques. La noche de la primera vuelta tuve ocasión de preguntar a Pascal Cherki, portavoz de Hamon, por qué se habían obcecado tanto con nosotros, a lo que respondió que con el resultado electoral se estaban jugando la devolución del presupuesto de la campaña. Por este tipo de mezquindades no tenemos ahora un gobierno social en Francia.

Después, con un poco de distancia, te dices que quién hubiera creído hace seis meses que Mélenchon pudiera conseguir un resultado tan bueno. Eso es lo que tenemos que valorar. Yo comencé mis andaduras en el NPA, entre gente a la que un 4 por ciento de los votos le parecía un buen resultado, ese ha sido el ambiente de muchos de nosotros. En la izquierda hemos estado tan acostumbrados a ser minoritarios que a veces nos cuesta darnos cuenta de que nuestras ideas pueden ser mayoritarias.

Cuando tienes problemas resulta más fácil echar la culpa a tu vecino, ese que es diferente a ti, y no a los grandes poderes económicos

Durante la campaña presidencial, la Francia Insumisa trató de llegar a un electorado amplio, priorizando las referencias a la soberanía popular en vez de a la izquierda tradicional. ¿Cómo cree que ha influido el cambio de discurso en la dinámica de la FI?

Creo que habríamos cosechado mucho menos del 20 por ciento de los votos si no hubiéramos estado en esa lógica. Desde el comienzo entendimos que hay muchos antiguos votantes de Hollande a quienes la palabra izquierda les hace ahora salir corriendo. La última vez que repartí panfletos con la palabra izquierda fue en la campaña del Front de Gauche en las elecciones municipales de 2014. Recuerdo entonces las reacciones de hartazgo de la gente, no quiero ni pensar cómo podrían ser hoy en día. La izquierda ha quedado completamente deslegitimada tras un quinquenio que no ha hecho más que continuar las políticas de [Nicolas] Sarkozy, es decir, las de la derecha, y que ha dejado la impresión de que la diferencia entre las dos familias políticas es anecdótica. Mélenchon tiene una doble base electoral: el tradicional votante de izquierdas y por otro lado esa gente a la que me refería, los desencantados. Nuestra estrategia ha consistido en dirigirnos sobre todo a ese grupo que ya no ve diferencias entre izquierda y derecha, y que no se siente en absoluto seducida por nuestro viejo folclore militante. Ahí es donde la abstención no ha dejado de crecer en los últimos años y sin su voto nunca podremos ser mayoritarios. Además, la democracia significa poco cuando un porcentaje tan importante de la población no va a votar.

Jean-Luc Mélenchon y Leïla Chaibi en 2014. Imagen: ©Francois Lafite

Jean-Luc Mélenchon y Leïla Chaibi en 2014. Imagen: ©Francois Lafite

Pese a la espectacular remontada de Mélenchon, fue finalmente Le Pen quien pasó a la segunda vuelta. ¿Cuáles cree que son las causas del éxito electoral del Frente Nacional y cómo cree que va a evolucionar?

Supongo que cuando tienes problemas resulta más fácil echar la culpa a tu vecino, ese que es diferente a ti, y no a los grandes poderes económicos. En Francia hay una cólera legítima, un hartazgo con el empeoramiento de las condiciones de vida, al que Marine Le Pen ha dado una expresión racista, basada en negar una parte de la sociedad. La fuerza de la campaña de Mélenchon ha sido dar una salida positiva a la cólera y poder transformar el hartazgo en esperanza. El ascenso en las encuestas de la Francia Insumisa provocó que Marine Le Pen pasara a la segunda vuelta con un 22 por ciento de los votos, cuando hace dos meses le daban un 28 por ciento. Hemos sido la única candidatura capaz de restarle apoyos. Previsiblemente, las políticas de Macron podrían reforzar al Frente Nacional dentro de cinco años. Para impedirlo, la mejor manera es continuar la construcción de la Francia Insumisa, proponiendo una alternativa de futuro a partir de soluciones positivas.

 

¿Cuáles son los objetivos de la FI para las legislativas?

Nuestro objetivo es volver a convencer a todas aquellas personas que votaron a Mélenchon en las presidenciales. Si fuera así, pasaríamos a la segunda vuelta en un 70 por ciento de circunscripciones, pero siempre se corre el riesgo de que la abstención aumente en las legislativas. Además, la lista de los presidentes electos suele beneficiarse de un estado de gracia en estos comicios. El otro problema es que ciertos grupos que apoyaron a Mélenchon en las presidenciales concurrirán a las legislativas con listas diferentes, pero, pese a esto, preferimos arriesgarnos a perder diputados ahora y priorizar un proyecto con mayor altura de miras que estas elecciones. Queremos evitar los errores del Frente de Izquierda (FG, Front de Gauche) en 2012, cuando nuestra candidatura quedó desdibujada con cientos de campañas diferentes, dependiendo de las alianzas en cada localidad. Creemos que es mejor presentarnos como una fuerza íntegra, estable y coherente con el programa que defendimos en las presidenciales.

Hay que utilizar todos los mecanismos que tenemos a nuestra disposición para conseguir nuestras reivindicaciones

La estrategia de FI era una apuesta arriesgada, especialmente tras ser elegido Hamon como candidato del Partido Socialista (PS), un candidato poco relacionado con los cinco años de gobierno de Hollande. Pese a todo decidimos resistir, defender nuestro programa y no reescribirlo en función de un acuerdo con Hamon. Creo que esta ha sido una de las razones del éxito que obtuvimos en las presidenciales. Ahora intentamos lo mismo. La otra opción era hacer un acuerdo con el Partido Comunista Francés (PCF) y volver al modo de funcionamiento clásico; es decir, nos sentamos a una mesa, miramos el mapa de Francia y nos repartimos el pastel. Luego hacemos lo que el PCF quería, una candidatura con un nombre común y cada uno su programa. Porque el PCF no quería defender El Futuro en Común, tenía su propio programa. Así que imagínate, tendrías una circunscripción cuyo candidato está a favor de la energía nuclear, y en otra, en contra.

Nuit Debout. Imagen: © Teresa Suárez

Nuit Debout. Imagen: © Teresa Suárez

Ha participado en varios movimientos sociales, como Géneration Précaire, Jeudi Noir y Nuit Debout. ¿Cómo y por qué decidió dar el salto a la política institucional?

Llegué a París hace doce años, al final de mis estudios. Vine para hacer unas prácticas y entré en el colectivo Génération Précaire, que denunciaba que hubiese estudiantes en prácticas que trabajasen de forma gratuita. Después montamos Jeudi Noir, un movimiento centrado en la dificultad de conseguir acceso al alojamiento. Pensaba que así era como se hacían avanzar las cosas; en vez de meternos en una organización política, nos unimos para un tema preciso.

Estos colectivos hicieron mucho ruido mediático aunque no éramos muy numerosos. Fue un éxito de sensibilización, conseguimos que la opinión pública se diese cuenta de que lo que estábamos reivindicando era un problema social. Elaboramos proposiciones y, gracias a nuestra presencia mediática, fuimos recibidos por los ministros de la época. Sin embargo, rápidamente te das cuenta de la obligación de ocupar el terreno político porque tú puedes traer todas las proposiciones que quieras y hacer todo el ruido que quieras, pero tienes enfrente a un ministro que bloquea.

En ese momento Olivier Besancenot lanzó el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). La idea era crear un partido que reuniese todo lo que hay a la izquierda del PS, con un programa de ruptura respecto al sistema liberal y capitalista. Entré en el NPA pero lo abandoné rápidamente y me uní al Frente de Izquierda. El NPA se reivindicaba como una organización política pero decía que no servía para nada presentarse a las elecciones. Si solo era para ir a manifestaciones no hacía falta un partido. Hay que utilizar todos los mecanismos que tenemos a nuestra disposición para conseguir nuestras reivindicaciones. No digo que haya uno que sea superior a otro… el año pasado pensé que Nuit Debout iba a conseguir el cambio político, que íbamos a hacer caer el gobierno. Después vino otro ciclo que son las elecciones; pues lo utilizamos a nuestro favor. Lo que no quiere decir que después abandonemos el terreno o que los movimientos sociales no hagan cambiar las cosas.

Cuando Nuit Debout terminó, hubo un montón de gente que encontró en la Francia Insumisa la prolongación de su militancia

¿Qué efecto tuvo Nuit Debout?

Para empezar, nadie —ni siquiera quienes lo impulsamos— se esperaba que hubiese tanta gente, teniendo en cuenta el contexto post-atentado [Nuit Debout comenzó el 31 de marzo de 2016, pocos meses después del atentado del 13 de noviembre de 2015 en París] y el estado de emergencia, además de todas las tonterías que nos cuentan en la tele sobre que «no hay alternativa al sistema y que hay que apretarse el cinturón». Nuit Debout es gente que de repente se pone en movimiento, gente que se politiza, que nunca habría ido a una manifestación o a una reunión política. Nuit Debout consiguió que en la tele se hablase de reparto de la riqueza, de democracia… cambió el ambiente del país. Así que tuvo una influencia en la agenda política. Y sobre todo permitió a mucha gente alzar la cabeza.

 

¿Diría que Nuit Debout tuvo una influencia en la dinámica de la Francia Insumisa?

Al principio de Nuit Debout Jean-Luc Mélenchon había lanzado su movimiento la Francia Insumisa y yo fui la primera en decir que me parecía un poco inapropiado intentar movilizar a la gente en relación a las elecciones presidenciales, que eran un año y medio más tarde. Por eso fue después del final de Nuit Debout cuando tomé la decisión de participar en la FI. Cuando Nuit Debout terminó, hubo un montón de gente que encontró en la Francia Insumisa la prolongación de su militancia. Además, gracias a Nuit Debout, en el movimiento contra la Ley El-Khomri [la reforma laboral del gobierno de François Hollande] salimos del esquema clásico de manifestación sindical, manifestaciones en las que cada uno está en formación detrás de su pancarta. Se volvió normal innovar en política y eso luego se ha reflejado en la Francia Insumisa.

 

Para terminar, quería preguntarle por la posición de la Francia Insumisa sobre la Unión Europea. En la campaña el eslogan era «O la cambiamos o la abandonamos». ¿Qué habría que cambiar?

El problema es que podemos tener el mejor programa, pero si respetamos los tratados europeos no podemos aplicarlo. Ese era el problema de Hollande, que tenía un programa mucho menos ambicioso que el nuestro, pero ni siquiera pudo aplicarlo por la limitación del déficit público al 3 por ciento. Nosotros hemos cuantificado nuestro programa y hemos calculado que para relanzar la economía hace falta superar el 3 por ciento de déficit el primer año y en los años siguientes volvemos a respetarlo porque se crea riqueza. Partimos del principio de la soberanía popular y de que cuando la gente vota un programa, la prioridad es que el programa sea aplicado, porque si no, no vale la pena que vayan a votar, no vale la pena que estemos en una democracia. Tenemos una estrategia; hemos anticipado el Plan B —que es la salida de Europa— pero el objetivo es cambiar los tratados. No somos antieuropeos, pese a lo que pueda decir Benoît Hamon.

Grafiti con el retrato de Stéphane Hessel «Indignez-vous». Imagen: Thierry Ehrmann (CC)

Grafiti con el retrato de Stéphane Hessel «Indignez-vous». Imagen: Thierry Ehrmann (CC)

Pablo Castaño y Pablo Lapuente

Pablo Castaño y Pablo Lapuente

Pablo Castaño Tierno estudió Derecho y Ciencias Políticas y ahora hace un doctorado en sociología en la University of London. Ha escrito artículos sobre política europea, movimientos sociales y género en medios como El País, Ctxt, eldiario.es, Público, Regards, Ballast y Jacobin.
Pablo Lapuente Tiana estudió filosofía en Madrid y París. Actualmente vive en Estocolmo, donde se dedica a traducir y colaborar con diferentes medios de comunicación.
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