Todos hemos oído hablar de la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión. Sin embargo, la mayoría somos incapaces de describir o adivinar los efectos reales de estos padecimientos sobre los individuos afectados. La sociedad tiende a juzgar negativamente a aquellas personas que padecen una anomalía mental. La literatura puede ser una herramienta útil para acercarse al enfermo y conectar con él, derrumbar los mitos ampliamente extendidos y tomar conciencia de la frágil barrera que separa a la mente sana de la salpicada por un trastorno.

Como señala Thomas Insel, al igual que un tumor no define a una persona, lo mismo pasa con una enfermedad mental: no hay que caer en el error de equipararla con la identidad de esta. Un esquizofrénico se trataría más bien de una persona que sufre esquizofrenia, que tiene que vivir con ella. Hay muchas cosas que se pueden dar en el cerebro, pero porque una de ellas no vaya bien no significa que todo vaya mal.

Uno de cada cuatro habitantes del planeta es o será afectado por algún tipo de enfermedad mental y la depresión será la segunda causa de incapacidad para el año 2020

La literatura supone un medio propicio para conocer la vida real de estas personas, su día a día, teniendo así la posibilidad de seguir la evolución de sus síntomas, sus estados de ánimo, percepciones y conductas.

lagrietaonline-Los-trastornos-mentales-en-la-literatura-2Autores como lord Byron, Pizarnik, Mary Shelley, Hölderlin, Dostoievski, Nietzsche, Sade, Rimbaud, Dante, Blake, Sylvia Plath, Leopoldo María Panero, Balzac, Faulkner, Rosseti o Virginia Woolf han dado cabida en sus obras a personajes afectados por diversas condiciones mentales, arrojando luz sobre ellas a través de sus complejas y enriquecedoras visiones, recordándonos además que el ser humano es un ser en construcción[1].

Muchos de estos escritores han padecido en sangre propia los efectos de algún tipo de enfermedad mental. Algo no tan extraño, si consideramos que «uno de cada cuatro habitantes del planeta es o será afectado por algún tipo de enfermedad mental, y la depresión será la segunda causa de muerte para el año 2020»[2].

Friedrich Hölderlin aseguraba que «solo merecen el nombre de arte las obras capaces de expresar la experiencia del dolor». Nadie escoge el sufrimiento, pero cuando este se convierte en un inevitable compañero, la escritura se puede volver una herramienta para canalizarlo. Siguiendo en la línea de Nieztsche, el dolor nos hace más profundos. Temple Grandin opina que «tiene que enfatizarse cuánta gente altamente creativa, gente cuyos libros, películas y arte amamos, ha tenido enormes problemas con la depresión».De este modo, se considera que a veces la enfermedad es capaz de subliminar la imaginación del escritor. Poe reflexionará sobre esta relación:

Los hombres me han llamado loco; pero la cuestión no ha sido todavía establecida, si la locura es o no la inteligencia más sutil si mucha es gloriosa, si toda ella es profunda, si no surge de la enfermedad de pensamiento de estados de ánimo de la mente exaltada a costa del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a aquellos que sueñan sólo de noche.

En El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Oliver Sacks, psiquiatra y escritor, define a los pacientes como «viajeros que viajan por tierras inconcebibles… tierras de las que si no fuese por ellos no tendríamos idea ni concepción alguna».  Para Sacks además, narrar es la única forma de devolverle al sujeto su condición de individuo, de persona, que los historiales clínicos se empeñan en desterrar[3].

Oliver Sacks define a los pacientes como «viajeros que viajan por tierras inconcebibles… tierras de las que si no fuese por ellos no tendríamos idea ni concepción alguna

Aunque muchos de los escritores mencionados descansen en el Olimpo de críticos y lectores, sus trastornos únicamente han contribuido a dar más morbo a sus figuras. La realidad es que la pérdida de individualidad del enfermo de a pie no solo se da en los historiales clínicos, sino que es practicada de forma constante por la sociedad, la cual suele etiquetarle exclusivamente por su padecimiento, invalidando cualquier atributo más allá de la propia enfermedad. Esto nos recuerda al personaje de Boo Radley en la obra Matar a un ruiseñor de Harper Lee. Boo, quien padece una enfermedad que le vuelve mental y emocionalmente ausente, es acusado de asesinato. Acusación motivada por el miedo hacia aquello que se desborda de lo convencional. Boo representa al ruiseñor, la inocencia ahogada por una sociedad que no acepta ni quiere entender sus diferencias.

Los textos literarios suponen una herramienta eficaz y propicia para transmitir la vulnerabilidad del ser humano, la complejidad de sus pliegues, provocando, en fin, una toma de conciencia por parte del lector sobre  aquello que consideraba ajeno pero a la vez conceptualmente conocido, haciéndole descender de la superficie, borrando los mitos que antes eran verdades, los miedos; de tal forma que sea capaz de empatizar con la imagen del enfermo, de observar la vida a través de los prismáticos de Boo.

[1] ^ REAL-NAJARRO, O. (2011), La palabra como curación en salud mental: revisión de algunos antecedentes literarios. En Frenia, Vol.XI-2011. Pp. 171-192

[2] ^ REAL-NAJARRO, O. (2011), La palabra como curación en salud mental: revisión de algunos antecedentes literarios. En Frenia, Vol.XI-2011. Pp. 171-192

[3] ^ SACKS, O. (2004), El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Barcelona, Anagrama.

Imágenes: Patrice6000 – Shutterstock


Sobre el ciclo de letras “Los trastornos mentales a través de la literatura”

Este artículo es el primero de una serie de artículos que forman el ciclo de letras “Los trastornos mentales a través de la literatura”. Te invitamos a que profundices en el tema a través de los artículos que iremos compartiendo durante los próximos días en el link: http://lagrietaonline.com/ciclos-de-letras/los-trastornos-mentales-a-traves-de-la-literatura

“Los trastornos mentales a través de la literatura” es el primero de muchos ciclos que se desarrollarán desde La Grieta con el fin de  participar activamente en las preocupaciones e inquietudes contemporáneas.