Una idea de antes,

ya no es la idea,

la misma de antes.

 

Porque ya no amanecemos

para perseguir la huida de los barcos

ya no hay caminos entre sombras

de viento y árboles.

 

—la telaraña se ha escondido en un soplo de aire—

 

tampoco ya fumamos sentados en la acera

de una calle en cuesta

ni bebemos café sólo y nada más.

 

Y mientras tanto las grúas del puerto seguirán paradas

y cada vez menos gaviotas hacen compañía al pescador.

 

Porque ya no leemos poemas

cruzando un puente sobre el Tajo

ni nos quedamos dormidos en el banco

de una iglesia inacabada.

 

Porque ya no es domingo todos los días después de comer

sino cada día un Lunes de resaca.

 

Aunque a veces, entre nubes de polvo y ruido, un reflejo de sol parece que descubre

la levedad de una lánguida linea suspendida

que lo une todo

a la inexistencia del retorno.

 

Me dijo que el héroe de Beethoven es un levantador de pesos metafísicos.