Un buen documental vale más que mil comedias: tres días en el Festival de Cine de Málaga

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Al sentarme a escribir sobre los cuatro días que he podido disfrutar del Festival de Málaga (17-26 abril) me asaltan varias preguntas: ¿Se puede escribir sobre un festival de cine sin haber visto toda su programación? ¿Acaso es el palmarés lo único que debe resaltarse de un festival? Digo Sí a la primera, y No a la segunda porque este artículo no pretende ser un resumen del festival ni dar un veredicto acerca de los premios que se otorgarán en la gala del sábado, sino plasmar aquello que vi y escuché entre los días 19 y 22 de abril, es decir, justo después del principio y justo antes del final del festival.
Os aviso de que no hablaré de películas de la Sección Oficial de Largometrajes, así que dejamos las comedias románticas y los thrillers para el momento palomitero correspondiente (más que necesario de vez en cuando), y entramos de lleno en el terreno de lo real, del cine documental.

 

19 de abril

La primera sesión a la que asisto es en el Teatro Echegaray, donde se proyecta la Sección Oficial de Documentales, y está compuesta por tres películas. Los dos cortos El juego del escondite (David Muñoz, España) y La despedida (Alejandro Alonso Estrella, Cuba) fueron el preámbulo perfecto para ver el largometraje Los adioses (Carole Laganière, Canadá y Argentina).

La primera es un juego en muchos sentidos, en el narrativo, en el irónico, en el metafórico… En este corto el director malagueño intenta reflejar la crudeza de la vida diaria de los refugiados sirios en Líbano (concretamente la de una mujer), y lo hace a través de un juego de roles y espías donde el equipo de rodaje y los propios refugiados alternan la presentación y la representación de la realidad. Sin embargo, cuando llega el momento en que el juego del metacine se vuelve más importante que el cine en sí mismo, el mensaje pierde fuerza y se queda en eso, en un juego.

El segundo corto, La despedida, refleja la vida cotidiana de un anciano cubano que vive con su hija y su nieto junto a la mina donde solía trabajar (¿por qué siempre hay datos que solo aparecen en la sinopsis y no se entienden al ver la película?). Quedan en el recuerdo imágenes como la del viejo lavándose, donde solo vemos el agua caer en sus pies desnudos y de puntillas sobre el suelo de madera. Los planos son perfectos, la estética está cuidada, pero la historia escondida tras esas arrugas no termina de aflorar y la cámara se queda en la piel, en la superficie de ese viejito gruñón.

Los Adioses, Carole Laganière.

Los Adioses, Carole Laganière.

 Los adioses es un documental que hace reflexionar sobre el acto de morir y la muerte en sí misma, hablando de ella sin pudor ni tabúes, al contrario de lo que solemos hacer

La tercera película de la sesión, el largo canadiense-argentino llamado Los adioses (Des Adieux, dirigido por Carole Laganière), dialoga con la anterior precisamente a través de la escena del baño que citaba antes. Los cuidados íntimos de las personas mayores son una pieza clave de Los adioses: los familiares, pero sobre todo los voluntarios del centro de cuidados paliativos Casa Michel-Sarrazin (Quebec), son el motor que da fuerza a esas personas con cáncer terminal y ayudan a que gocen de una muerte digna y apacible.

A diferencia de las anteriores, el contenido del film supera a su forma:  la imagen del vídeo (sin pretensiones artísticas) y el ritmo moribundo de la cámara y el montaje (en un intento de imitar y entender a sus sujetos) se vuelven un medio pobre para expresar esos últimos momentos de vida. A pesar de todo, Los adioses es un documental que hace reflexionar sobre el acto de morir y la muerte en sí misma, hablando de ella sin pudor ni tabúes, al contrario de lo que solemos hacer.

Las dos películas de la última sesión del día se nutren de material de archivo para contar historias muy diferentes centradas en la mujer. Tanto Juan Miralles con su corto Memorándum, como Carolina Astrudillo con su largo El gran vuelo, construyen relatos que nacen de la necesidad personal de analizar, investigar y comunicar algo. Se podría decir que uno va de lo público a lo privado y el otro hace el recorrido inverso.

 

El gran vuelo, Carolina Astrudillo.

El gran vuelo, Carolina Astrudillo.

El eje central de Memorándum es un plano secuencia rodado en 1904 por Billy Bitzer) donde todo un elenco de trabajadoras de una fábrica desfilan frente a la cámara mientras recogen su ficha laboral. Un mero documento que Millares desgrana hasta el último fotograma y disecciona hasta la última persona que aparece. Camuflado como un ejercicio de crítica al sistema taylorista y consumista que sigue gobernando hoy, este plano secuencia enciende la llama del recuerdo personal del autor y le evoca el desengaño de su ex-mujer, convirtiéndose en una especie de psicoterapia compartida con el espectador.
En El gran vuelo la directora chilena no solo encuentra, sino que busca minuciosamente el material adecuado para reconstruir la vida de Clara Pueyo: una peculiar militante del PC que se fugó de la cárcel y llevó una vida secreta y turbulenta dejando solamente unas pocas cartas y fotos. La mayoría de mujeres que aparecen ahí no son Clara, pero eso hace que el film se convierta en algo universal, y que conecte desde muchos ángulos con la lucha de las mujeres en los años de la república y la guerra; una lucha que se quedó a medias, según nos cuenta el film, porque no consiguieron cambiar realmente el rol de la mujer en nuestra sociedad. De entre todas sus cartas, me queda grabada a fuego una frase: «Poder sentirse débil es también un descanso». Al final, me pregunto cuántas Claras hubo, y cuántas seguirá habiendo en el olvido.

 

20 de abril

Después de ver un corto introductorio y preguntarme cómo ha llegado a ser seleccionado, se ha proyectado uno de los documentales más interesantes que he visto últimamente. ¿Quién dijo que la memoria humana era menos fiable que los libros o las fotografías? ¿Quién dijo que la Historia no podía escribirse también entre comillas, dando voz directa a aquellos que la vivieron? El documental Invasión (Abner Benaim, Panamá y Argentina) trata de comprender el golpe militar de los Estados Unidos sobre el territorio y pueblo panameño en 1989 que provocó cientos de bajas civiles bajo el nombre de Operación Causa Justa, capitaneada por George Bush padre. Demasiado (mal)acostumbrados a los documentales históricos que usan un material de archivo para dar por verídico y fiable todo lo que nos presenta, se agradece que un documental utilice únicamente los testimonios de los panameños que se ofrecen a hablar, a recordar su verdad delante de la cámara. El tema de la invasión panameña es un trauma para muchos de los que hablan, sobre todo porque nunca hubo transparencia en sus causas ni se llegó a hablar de sus consecuencias debido a la alta presión de EE.UU. en el caso, mientras todo el mundo miraba hacia el Muro de Berlín.

'Invasión', Abner Benaim

‘Invasión’, Abner Benaim

En Invasión, las cámaras y el equipo salen y entran del juego fílmico, haciendo reflexionar sobre la verdad y la mentira, el olvido y el recuerdo, el relato (re)creado y la Historia (re)escrita

La decisión de comenzar Invasión con unas personas hablando en un estudio de grabación es ya toda una declaración de intenciones. La película es un intento de reflejar lo que sucedió a través de la memoria colectiva de un pueblo, tanto con sus testimonios directos a cámara como recreando de forma ficticia (pero verídica en muchos niveles) algunos momentos de la invasión pasada en tiempo presente. El director panameño Benaim no quiere apelar a una voz unificadora y objetiva ni a imágenes de archivo que legitimen lo que el pueblo panameño habla en las calles. El hecho de mostrar el estudio y no simplemente una voz en off, como harían otros directores, evidencia que en esta película se va a esconder muy poco: las cámaras y el equipo salen y entran del juego fílmico, haciendo reflexionar sobre la verdad y la mentira, el olvido y el recuerdo, el relato (re)creado y la Historia (re)escrita.

Si bien desde el primer minuto la risa estaba presente en las butacas, no creo que fuera sin cierto sentimiento de culpa, pues hay todavía demasiado dolor en esas voces. Pero el humor a veces es la única forma de superar o de comunicar algo grave —como hizo, por ejemplo, la cineasta Vanessa Rousselot en Palestina—. La película adquiere más valor cuando las opiniones se diversifican: algunos apoyaban el golpe estadounidense y opinan que gracias a eso hoy tienen democracia, y otros todavía hoy rechazan ante todo la injerencia militar impuesta por los EE.UU. En resumen, y como dice el propio director en la película, la verdad de cada uno de ellos es la verdad que importa en ese momento; y, a veces, es más importante cómo se recuerdan las cosas que cómo sucedieron realmente.

 

21 de abril

Mi último día en Málaga fue probablemente el más intenso de todos. A las 19:30 proyectaban el cortometraje Elena Asins – Génesis dirigido por Álvaro Giménez Sarmiento. En apenas 20 minutos, el film intenta condensar algunos aspectos de la vida y obra de esta importante artista conceptual que vive retirada, desde hace más de 20 años, en un pueblo navarro entre la naturaleza y la soledad. A pesar que quedarse a medio camino entre un biopic y un film experimental, Génesis está hecha con gusto, el diseño de sonido alterna lo sutil y lo efectista; las imágenes de las obras de Asins instaladas con mimo en los bosques navarros cobran una dimensión que en un museo no tendrían. Sin embargo, lo que más me llama la atención es su postura profesional y personal (¿acaso se pueden separar en su caso?). Algunos podríamos considerarla una egoísta, pero respeto de alguna forma su firme convicción de abandonar todos esos supuestos requisitos para ser una persona normal (familia, trabajo, vida social…). En este sentido, Asins reconoce que todo ha valido la pena, pues solo así ha podido dedicarse única y exclusivamente a su obra.

En Salgán & Salgán, un guion confuso y una realización muy pobre no llegan a transmitir la esencia de una historia que podría haber sido tremendamente interesante, reflejando una relación de padre-hijo muy peculiar

'Salgán & Salgán: un tango de padre e hijo', Caroline Neal.

‘Salgán & Salgán: un tango de padre e hijo’, Caroline Neal.

En la misma sesión, dedicada a los documentales sobre artistas, encontramos el largo Salgán & Salgán: un tango de padre e hijo (Caroline Neal, Argentina). El personaje de Horacio Salgán, 97 años, uno de los pianistas consagrados del tango argentino, se llevaría estupendamente con Elena Asins. Él también apostó por una vida alejada de la familia, aparentemente abandonando a sus dos hijos durante 18 años (aunque esto no se explica nada bien) para dedicarse a su carrera como pianista, sin remordimiento ni culpa alguna. Un guion confuso y una realización muy pobre no llegan a transmitir la esencia de una historia que podría haber sido tremendamente interesante, reflejando una relación de padre-hijo muy peculiar (algo que sí consiguió la cineasta Stephanie Argerich con su documental Bloody Daughter sobre su madre, la también pianista argentina Martha Argerich).

La última sesión del día, y no por ello menos importante, estuvo muy bien hilada, con un punto crítico sobre la mirada «del otro», ya sea un joven inmigrante o un chico ciego y autista. Rodado en un blanco y negro cuidado y contado con un tono tan humano que duele, el corto Diary of Hunger de Mireia Pujol nos habla de la dificultad de los inmigrantes africanos que arriesgan sus vidas para cruzar las fronteras españolas. Por otro lado, La sonrisa verdadera, largo documental dirigido por Juan Rayos, cuenta el viaje que hicieron Sergio (ciego de nacimiento y diagnosticado de autismo) y su hermano Juanma subidos a un tándem desde Cuenca hasta Marruecos. Aquí ya no hay dificultad en pasar la frontera nacional, pero aun así habrá que atravesar otras barreras, emocionales y físicas.

El comienzo de la película es una metáfora que resume toda la película: usando un mapa, Juanma marca las etapas con chinchetas y va uniéndolas con una cuerda, dejando un nudo en cada punto clave del recorrido. De esta forma, Sergio podrá usar su sentido del tacto para saber cuántas etapas llevan. Un hilo rojo con nudos, algo sencillo pero muy bien construido; como la línea narrativa que se traza en este documental.

La sonrisa verdadera, Juan Rayos.

La sonrisa verdadera, Juan Rayos.

Son precisamente esos minutos en los que la cámara se queda quieta, solitaria, observando tranquilamente, cuando se produce una conexión total con el mundo interior de Sergio

La sonrisa verdadera no es solo un viaje de superación, es algo más. Es un proyecto familiar que dura una vida entera y que ha hecho posible que una persona cerrada al mundo pueda hoy sobrepasar fronteras de todo tipo. Además de los momentos de felicidad que se muestran a través del viaje y de la maravillosa relación con su hermano Juanma, son precisamente esos minutos en los que la cámara se queda quieta, solitaria, observando tranquilamente, cuando se produce una conexión total con el mundo interior de Sergio. Él habla consigo mismo, como si fuera un amigo a quien tiene al lado: le enseña cosas, recuerda momentos pasados y también nos muestra que su memoria es bien distinta a la de cualquier otro, pues él recuerda a través del tacto, los sonidos y otros sentidos que quizás no hayamos catalogado todavía.

Dicen que el lenguaje de la música es universal y esta historia lo confirma. Como dice su madre en la película, solo durante las clases de piano Sergio pasaba de ser un niño rebelde e incomprendido a un niño feliz y «conectado con el mundo». Lejos de suponer únicamente un apoyo emocional para disfrutar de las imágenes, los momentos musicales proponen al espectador un momento de escucha atenta para que se identifique con el protagonista a través del sentido del oído.

Recuerdo salir del cine con la sonrisa en los labios y teniendo la sensación de conocer a una persona que aparentemente tiene dificultad para dejarse conocer. A pesar de su autismo, Sergio sí que sabe comunicar; simplemente hay que estar ahí a su lado, dispuesto a entrar en su mundo.

 

Siempre da la sensación de que el género documental es el gran olvidado del panorama cinematográfico, pero no es casualidad: ¿quién quiere invertir en historias incómodas, realidades ocultas o testimonios reveladores? Mientras la prensa inmortaliza a todos los que desfilan por la alfombra roja, y las distribuidoras se pegan para comprar la última comedia ligera del año, hay un público que se pierde todas esas historias que los documentalistas luchan por llevar de un lado a otro del mundo. Seguiremos dando apoyo y visibilidad a esa necesidad de documentar la realidad que está presente desde los inicios del cine.

Marta San Vicente Feduchi

Marta San Vicente Feduchi

(1989) Realiza sus estudios en música y cine en Madrid y Bolonia, y en 2014 se especializa en Teoría del Cine (Universidad de Ámsterdam) con una investigación acerca de la importancia del sonido en una película para crear lazos de empatía con el espectador, utilizando casos con personajes ciegos.
Marta San Vicente Feduchi