Almodóvar: cine, libertad y autonomía moral

Pedro Almodóvar en la charla de la Cátedra Acciona. Foto: Víctor G. Carreño.
Pedro Almodóvar en la charla de la Cátedra Acciona. Foto: Víctor G. Carreño.

Centenares de personas, convocadas fundamentalmente por redes sociales, esperaron el pasado miércoles 14 de enero durante horas en las inmediaciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid para poder hacerse un hueco en la charla que Pedro Almodóvar iba a protagonizar allí a partir de las 19.30 horas. El acto se desarrolló en la Sala de Columnas del recinto, donde mensualmente tiene lugar la Cátedra Acciona, una serie de clases magistrales y conferencias organizadas por la SUR Escuela de Profesiones Artísticas. El profesor David Sánchez Usanos ejerció de entrevistador durante cerca de una hora y, más tarde, los asistentes tuvieron unos treinta minutos para realizar preguntas al cineasta. La hora y media dio para mucho, y Almodóvar pudo tocar numerosos temas relacionados con sus películas y su particular forma de entender el medio cinematográfico.

Como es habitual en él, Almodóvar hizo gala de agilidad mental, facilidad de palabra, incisiva ironía, golpes de humor un tanto provocadores y algunas conscientes puyas al gobierno. Aunque en los últimos años se deja ver menos en público (con la excepción de las campañas promocionales de sus películas), el director manchego es un veterano narrador y un showman todavía en forma: sabe entretener, comunicar y dar espectáculo sin dificultad, sin aburrir al auditorio y, lo que es más, llega a marcar él mismo los tiempos y el orden de las cuestiones tratadas en numerosas intervenciones. Hasta en ello se aprecian su arrolladora personalidad y su deliberado gusto por dirigir.

Una nube de fotógrafos le asedió al inicio y al final del evento, en el que un público entregado escuchó atento, rió y aplaudió las anécdotas y ocurrencias del cineasta.

Los periodistas y fotógrafos se avalanchan sobre la mesa donde se encuentra Almodóvar. Foto: Víctor G. Carreño.

Los fotógrafos se avalanchan sobre la mesa donde se encuentra Almodóvar. Foto: Víctor G. Carreño.

Julieta será una película sobre el dolor de la ausencia

Almodóvar dedicó unos instantes a adelantar en primicia algunos detalles sobre su nueva película, Julieta, nada menos que la vigésima de su trayectoria. Arrancó confesando que «me dio mucha pena cambiarle el nombre», en relación a la sustitución del título Silencio hace unos meses para que el filme no se confundiera con el próximo estreno de Martin Scorsese, Silence (2016). En el filme, según afirma, predomina el «sentimiento de dolor, provocado por una ausencia, y la superación de ese dolor, nunca absoluta». Asimismo, el director se atrevió a desvelar algunos detalles sobre la trama, hasta ahora desconocidos: «La hija de la protagonista desaparece y esta no vuelve a saber nada de ella. La gente de su alrededor se aleja de ella. Es muy misterioso y muy doloroso. La película cuenta cómo sobrevive y cómo convive con todo ello la protagonista». El estreno tendrá lugar el 8 de abril, y los nuevos datos se suman a la reciente publicación del primer tráiler del filme, del que poco más se sabe.

«Hago las películas en total soledad, pensando sola y únicamente en mí»

Uno de los temas centrales que abordó Almodóvar durante su intervención fue el proceso creativo mediante el que desarrolla sus películas. «Estar despierto y registrar lo que ocurre a tu alrededor» es, según él, la clave para encontrar una buena idea con la que arrancar un proyecto. El cineasta reconoció que, como al inicio de su carrera, sigue coleccionando noticias de sucesos de los periódicos, a partir de las cuales en ocasiones ha llegado a desarrollar proyectos. Al respecto, recordó que su primera idea sobre Tacones lejanos (1991) nació mientras veía un telediario e imaginó a la presentadora confesando un crimen ante la audiencia, tras lo cual escribió una secuencia entera y desarrolló el resto del guión. Para Almodóvar, la señal de que una idea puede funcionar es que, al empezar a redactarla, aguante fresca e interesante línea tras línea hasta superar una página de extensión. «Escribo historias, con unas veinte páginas. Tengo varias a la vez. Algunas llegan a cien, y entonces ya escribo el guión», explicó.

Para Almodóvar, el proceso de redacción es un ejercicio de autonomía: «Hago las películas en total soledad, pensando sola y únicamente en mí, para dar lo más íntegro de mí. Durante la escritura soy muy cruel y autocrítico conmigo mismo», afirmó. También detalló que, mientras trabaja, no piensa en el público que irá a las salas ni en la compleja situación del cine en la actualidad: «No permito que nada interfiera en el proceso creativo».

Para explicar su labor durante los rodajes, parafraseó a François Truffaut: «Vas en un tren sin frenos, a toda hostia, y mi labor es que no descarrile». Fue más específico al hablar sobre su trabajo con los actores: «Yo lucho contra el coach y el espejo: el único que vale es el director que te dirige. En mis películas no funcionan los coach. Yo prefiero que el actor se mire en mí», declaró, añadiendo que ha tenido malas experiencias con algunos actores que llevan el trabajo demasiado preparado de casa o pautado por las indicaciones de un profesional externo al rodaje.

La Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes, minutos antes de que comenzase la charla. Foto: Víctor G. Carreño.

La Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes, minutos antes de la charla. Foto: Víctor G. Carreño.

«Lo peor de internet es que tu película acaba convertida en chatarra»

Almodóvar dedicó algunos minutos a hablar acerca de su visión del cine como fenómeno cultural en la actualidad y sobre las relaciones de sus películas con la realidad social. Acerca de lo primero, el director evocó la poderosa y enigmática fascinación que envolvía al medio cinematográfico durante los años cincuenta y sesenta: «El cine era un mundo paralelo, celestial, en el que todos queríamos estar para evadirnos», recordó. Después, reconoció que el cambio fundamental que se ha producido en este ámbito es la aparición de internet y las nuevas tecnologías: «El impacto social y personal de las películas entonces era mayor que ahora. Antes teníamos pantallas inmensas que nos hacían sumergirnos en mundos de fantasía, ahora no: eso devalúa el hecho cinematográfico. No hay esa inmersión, no hay esa ensoñación. Cambia la relación con el medio», valoró, para recalcar después: «Lo peor de internet es que tu película, en la que has trabajado dos años, acaba convertida en chatarra, en condiciones de subproducto».

En relación con su implicación con la realidad social, el cineasta confesó que «no soy capaz de hacer cine social sobre los problemas inmediatos». Aclaró que a diario piensa que debería hacerse una película con muchas de las noticias que publican los medios de comunicación; sin embargo, no es capaz de imponerse temas concretos sobre los que trabajar, sino que más bien, son los temas los que le buscan a él y él ejerce de médium para interpretarlos y darles forma sobre el papel. Quiso ilustrar sus afirmaciones con un ejemplo reciente: reveló que, hace unos dos o tres años, trató de escribir un guión sobre el tema de la memoria histórica, en el que un forense fuera uno de los protagonistas, pero no logró concluirlo debido a su dificultad para trabajar con motivaciones autoimpuestas.

 

Dos fans con el cartel del hashtag del evento en Twitter difundido por la Escuela SUR. Foto: Víctor G. Carreño.

Dos fans con el cartel del hashtag difundido en Twitter difundido por la Escuela SUR. Foto: Víctor G. Carreño.

«Mi cine es un mensaje de libertad y autonomía moral»

La charla permitió al cineasta recordar sus primeros contactos con el cine durante el franquismo, a través de los cromos que incluían algunas chocolatinas y, más tarde, del cine de verano de su pueblo, Madrigalejo. Poco a poco, fue conociendo mejor a los directores que había tras las películas que le gustaban, hasta que al llegar a Madrid pudo empezar a asistir a ciclos de cine promovidos por Filmoteca Española. «Fui muy adicto», subrayaría, en relación a aquellos ciclos donde se empezó a fraguar su particular «altar» de referentes, entre los cuales a día de hoy mantiene a Hitchcock («Es el padre del cine, todos los directores le debemos algo»), Buñuel y Berlanga, y en un segundo plano, a Lang, Bergman, Melville y el Chabrol de los años sesenta, así como el cine español de la misma década. En relación con títulos como El verdugo (1963), El mundo sigue (1963), La tía Tula (1964), El extraño viaje (1964) o La caza (1965), afirmó sin tapujos que «son mis raíces naturales».

Al ser preguntado por cuáles considera que son los rasgos característicos de su cine, respondió sin dudar que este contiene «un mensaje de libertad y autonomía moral» —frase que arrancó los aplausos del público—, para más tarde desgajar otros aspectos, como los personajes femeninos, el uso expresivo del color y la libertad sexual. «Ser director es el trabajo que da más poder de todas las profesiones. Creas tus fantasías y eres el que mandas a un equipo para que las realice. Es un privilegio», valoró. Por último, reconoció que en todas sus películas suele haber secuencias que le gustan mucho y otras que detesta y que, si tuviera que escoger un título como su predilecto, probablemente elegiría Hable con ella (2002). Sin embargo, matizó: «No me gustaría ser pedante pero, afortunadamente, hay muchas de mis películas que me gustan mucho».

Una sonora ovación concluyó el evento, en el que muchos fans no pudieron entrar por limitaciones de aforo, muchos espectadores se quedaron con ganas de preguntar, y otros más afortunados buscaron breves momentos de lucimiento y trataron de tocar y saludar personalmente al cineasta. El estatus de Almodóvar como icono cultural permanece intacto, tanto en una dimensión elevada —pues ha logrado colocar sus películas en destacados cánones artísticos internacionales—, como a un nivel más popular —su apellido es todo un reclamo social, como se pudo comprobar ayer en el Círculo de Bellas Artes—. Los centenares de seguidores que esperaron durante horas para poder ver al cineasta son una confirmación sumamente elocuente de su tirón mediático, invicto tras casi cuarenta años de carrera.

Almodóvar invitó a subir al escenario a una admiradora y tras un largo beso ella dijo “¡Contrátame aunque sea como extra!”. Foto: Víctor G. Carreño.

Almodóvar invitó a subir al escenario a una admiradora y tras un largo beso ella dijo “¡Contrátame, aunque sea como extra!”. Foto: Víctor G. Carreño.

 

Santiago Lomas

Santiago Lomas

(1991) Graduado en Periodismo y Comunicación Audiovisual, historiador de cine en ciernes y director que no rueda. El cine para él es Fellini, Hitchcock, Wilder, Berlanga y Pasolini, pero también Aurora Bautista gritando o un primerísimo plano en escorzo de Sara Montiel.
Santiago Lomas