Del compromiso a la acción en la lucha contra el hambre

Fotografía de WorldFish  publicada en Flickr bajo licencia CC
Fotografía de WorldFish publicada en Flickr bajo licencia CC

 

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Cuando se trata de mujeres, ¿practicamos lo que predicamos para combatir el hambre?

En honor al Día Internacional de la Mujer de 2016, varios líderes mundiales reconocieron el papel de la mujer en la sociedad e hicieron declaraciones sobre la desigualdad de género  (ObamaHollandeModi y Trudeau, entre ellos). El mismo mes, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas concluyó su sesión número 60 donde los firmantes se comprometían a «integrar en la agenda para el desarrollo una perspectiva de género en las dimensiones económicas, sociales y ambientales».

Por ello, los 17 objetivos que se pactaron para lograr sociedades más inclusivas, igualitarias y prósperas en todo el mundo (conocidos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS) deben tener en cuenta su impacto en materia de igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Para erradicar el hambre tenemos que invertir en las mujeres

Entre los distintos objetivos, el número dos se compromete a  «poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible» antes del 2030. Un objetivo ambicioso pero alcanzable que requiere invertir en las mujeres, monitorear estos compromisos y asegurar que los actores responsables «practican lo que predican». 

 

Invertir en la igualdad de género para acabar con el hambre no es solo cuestión de alimentar a las mujeres, sino que también significa niños más saludables y granjas más productivas

Los beneficios de invertir en las mujeres para erradicar el hambre se extienden a los niños y las comunidades. Por su parte, la desnutrición sufrida a una edad temprana puede resultar en daño físico y mental y, en última instancia, conduce a una mayor vulnerabilidad ante enfermedades y a la pérdida potencial de ingresos futuros. Además de que las mujeres tienden a dar prioridad a la nutrición infantil por encima de los hombres, una mujer embarazada saludable ayuda a asegurar un bebé sano al nacer. De hecho, algunas estimaciones atribuyen una reducción global del 55 % en la desnutrición infantil entre 1970 y 1995 a las mejoras en la condición de la mujer, incidiendo a su vez en que el 43 % se explica por el progreso en la educación de las mujeres.

Por otro lado, las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por el hambre en comparación con los hombres. Las estructuras sociales a menudo significan que las mujeres comen menos y son las últimas en hacerlo, y tienden a sacrificar sus necesidades nutricionales por encima de las de sus familiares. Asimismo, la anemia (una deficiencia de micronutrientes que puede conducir a la mala salud, la muerte prematura y la pérdida de ganancias) se da predominantemente entre mujeres y es uno de los factores que más contribuye a aumentar la proporción de enfermedades en el mundo. Solo en África, esta deficiencia da lugar al 20 % de las muertes maternas.

Las mejoras en la condición de la mujer han reducido la desnutrición infantil en un 55 %

Debido a la discriminación y a las normas culturales que impiden el acceso igualitario de la mujer a las tierras, servicios financieros y la educación, las mujeres también tienden a ser económicamente menos productivas que los hombres. No obstante, la mejora de la productividad de las mujeres podría aumentar la producción agrícola hasta un 4 % en los países en desarrollo, y, solo en África subsahariana, la desnutrición podría reducirse en más de un 15 %.

Los compromisos tienen que ser sostenidos y traducidos en impacto a favor de los más vulnerables

Por último, debido a que millones de mujeres en los países en desarrollo no están representadas en las estadísticas, la toma de decisiones basadas en datos empíricos es una tarea difícil. Así, organizaciones como Data2X están trabajando para colmar las disparidades de género ya que para poder actuar es indispensable tener datos que «describan la circunstancia de la población desglosada por sexo». La buena noticia es que recientemente, entre los ODS, destacaron 16 indicadores relacionados con el género que ya están «listos para evaluar».  

 

Ayudas contra el hambre: ¿Están los donantes tomando acciones en materia de género?

Una forma de asegurar que los países donantes rindan cuentas en materia de género es observar el comportamiento de sus donaciones. Para ello, la OCDE desarrolló un Indicador de Género que rastrea la ayuda destinada a apoyar la igualdad y derechos de la mujer[1]. El proyecto Ending Rural Hunger (ERH), o la erradicación del hambre rural,  utiliza este indicador para evaluar las donaciones destinadas a mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición hechas por países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) entre 2009 y 2013[2]. En otras palabras, el proyecto ERH utiliza este indicador para determinar la calidad de las políticas y la efectividad de la ayuda internacional en materia de nutrición.

El gráfico 1 correlaciona países donde las inversiones se enfocan en las mujeres (extremo derecho) con los países que tienen una política global efectiva[3] (parte superior). Como se puede observar, existe una correlación positiva entre inversiones con un fuerte enfoque de género y la eficacia de las donaciones.

 

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En materia de nutrición y productividad agrícola, ¿están los donantes prestando la suficiente atención a las cuestiones de género?

El objetivo número dos de los nuevos ODS presta especial atención a las mujeres en temas de desnutrición y productividad agrícola[4], pues se entiende que para poder llevar una vida activa,  productiva, y alcanzar el pleno potencial, los individuos necesitan dietas diversas y sanas. Por ello, tener sistemas agrícolas productivos es crucial para garantizar la disponibilidad de alimentos para las familias, comunidades y países. La productividad agrícola es también una poderosa herramienta para erradicar el hambre, ya que aumenta los ingresos de los agricultores familiares y reduce los precios de los alimentos locales. 

En este contexto, el ERH trata de evaluar si los donantes prestan la suficiente atención a las mujeres en distintos sectores relacionados con nutrición básica como los servicios financieros agrícolas, insumos agrícolas, y la educación / capacitación agrícola[5].

A nivel agregado, los donantes del CAD prestan atención a la igualdad de género en la lucha para erradicar el hambre. Entre 2010 y 2014 [6], la porción de donaciones totales centradas en las mujeres fue del 28 %, en comparación con 63 % para los servicios financieros, el 61 % para la nutrición, el 48 % para la formación y la educación agrícola, y el 39 % de los insumos agrícolas.

Existen donantes, sin embargo, que tienen menos de la mitad de sus inversiones centradas en temas de género: Países Bajos (4 %), Francia (14 %) y EE.UU. (43 %). En estos países, aunque existen sectores que experimentaron una mayor variación, las intervenciones centradas en suministrar insumos clave, tales como semillas y fertilizantes, están menos enfocadas en las mujeres.

 

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Tanto en términos de volumen como en términos de liderazgo político, Canadá y EE.UU. son los principales donantes en cuestiones de seguridad alimentaria y desigualdades de género (Obama, 2016;   Harper, 2014). Sin embargo, de acuerdo con los datos disponibles, Canadá está transformando las palabras en acción mientras que EE.UU. deja mucho que desear.

Entre 2009 y 2013, Canadá representaba el 6,2 % de la ayuda del CAD para seguridad alimentaria. Entre sus áreas prioritarias, se encuentran las madres, los recién nacidos, la salud de los niños y las prioridades para empoderar a las mujeres y niñas. Así, en 2010, Canadá lanzó la Iniciativa de Muskoka para acelerar el progreso de la nutrición materna e infantil y prevenir la muerte de 1,3 millones de niños y 64.000 muertes maternas. Comprometido con este objetivo, el país ha invertido grandes sumas de dinero en las mujeres a través de varios sectores además de detallar sus inversiones, mejorando por tanto la transparencia de sus donaciones.

Corremos el riesgo de poner a las mujeres a trabajar para el desarrollo en lugar de averiguar qué puede hacer el desarrollo por ellas

Entre 2009 y 2013, EE.UU. representaba más del 22 % de toda la ayuda del CAD.  En 2012, bajo la Presidencia del G8 de Estados Unidos, el presidente Obama puso en marcha la Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y Nutricional, consolidando su liderazgo en la lucha para erradicar el hambre mundial. Dentro de esta iniciativa, el programa Alimentemos el Futuro da prioridad a la integración de género como una de las seis áreas principales de atención y tiene como objetivo mejorar la nutrición infantil durante el embarazo en una ventana de 1.000 días desde su inicio. A pesar de estos proyectos, ninguna de sus donaciones se centraron en las mujeres.

 

Conclusión

Aunque erradicar el hambre antes del año 2030 es una tarea difícil, parece vislumbrarse cierta voluntad política y acciones que nos permiten ser optimistas. Aun así, tenemos que cambiar el viejo paradigma y asegurar que los compromisos se sostienen y se traducen en un mayor impacto a favor de los más vulnerables.

La mayoría de los países saben que, para tener éxito, es imprescindible tener en cuenta el impacto de las políticas en los hombres y las mujeres. Y, aunque los donantes del CAD están involucrados en numerosos acuerdos globales centrados en empujar la igualdad de género, es importante exigir a nuestros gobiernos que asuman la responsabilidad de sus acciones.

En general, este breve análisis es una buena noticia pues se está empezando a invertir con una perspectiva de género. Con el tiempo, y a pesar de que aún quedan inversiones orientadas a la producción que tienden a estar menos centradas en la disparidad de género, existen otros  sectores (relacionados con la nutrición) que empiezan a centrarse más en las mujeres.

A lo largo de este análisis se hace evidente que corremos el riesgo de poner a las mujeres a trabajar para el desarrollo en lugar de averiguar qué puede hacer el desarrollo por ellas. Cuando se invierte en acción de las mujeres, tenemos que tener cuidado con la carga que impone tener más trabajo y menos tiempo, y, al mismo tiempo, tratar de mantener sus funciones relacionadas con el cuidado de niños.

 

[1]^El indicador de políticas de igualdad de género se basa en un sistema de tres categorías: Principal (con un valor igual a 2) significa que la igualdad de género es el objetivo principal de la actividad. Significativa (con un valor igual a 1) significa que la igualdad de género es un objetivo secundario e Insignificante (igual a 0) significa que la actividad no se dirige hacia la igualdad de género.
[2]^La base de datos se actualizará a finales de este año con datos nuevos.
[3]^Se define en ERH como las políticas que se centran en el género, el cambio climático y los principios más amplios de eficacia de la ayuda, como la ayuda que es menos volátil y fragmentada.
[4]^«Meta 2.2: Para el año 2030 fin, todas las formas de malnutrición, […] y atender las necesidades nutricionales de las adolescentes, mujeres embarazadas y lactantes» y «Objetivo 2.3: En el año 2030 el doble de la productividad agrícola y los ingresos de pequeña escala los productores de alimentos, en particular las mujeres».
[5]^Basado en la lista de la OCDE (list of CRS purpose codes).
[6] ^Últimos datos disponibles.

 

Sinead Mowlds

Sinead Mowlds

Sinead dedica su investigación a temas de seguridad alimentaria y formas de mejorar la integridad de los datos y los controles de responsabilidad. Recientemente, ha tenido la oportunidad de explorar este tema en profundidad en Brookings Institution a través del proyecto Ending Rural Hunger (www.endingruralhunger.org), y antes de eso, con la Fundación Bill y Melinda Gates y la OCDE. En octubre 2016, empezará un master en Cambridge donde espera especializarse más a fondo en este área.
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