Dime lo que exportas y te diré quién eres…

Fotografía de Rafael Edwards publicada en Flickr bajo licencia CC
Fotografía de Rafael Edwards publicada en Flickr bajo licencia CC

El sector exterior ha presentado numerosos retos a los sucesivos gobiernos españoles desde que España entró a formar parte del club de países en democracia. Empezando por la complejidad que entraña afrontar un proceso de apertura económico-comercial partiendo de niveles mínimos de intercambio económico de cualquier tipo, así como por las consecuencias que para el crecimiento doméstico tienen los desequilibrios y fluctuaciones en la actividad económica exterior de un país como España.

En los últimos años poca gente duda de la importancia que tiene formar parte de las cadenas globales de valor y de que es prácticamente imprescindible estar integrado en la economía global para mantener ciertos niveles de crecimiento.

Sobre todo desde el comienzo de la crisis de 2008, se ha venido destacando la importancia que tiene vender al exterior y atraer inversión para evitar así el impacto negativo generado por la caída del consumo y demanda interna. Desde que en 2009 las exportaciones españolas cayesen a mínimos similares a los del año 2005 su crecimiento ha sido sostenido, alcanzando niveles históricos y reduciendo por consiguiente el déficit comercial que ha afectado a nuestra economía en las últimas décadas (en 2013 se registró el menor saldo negativo en 15 ejercicios).

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La recuperación de la economía nacional parece ser sostenida en este final de legislatura de Mariano Rajoy, aunque ello no se refleje, de momento, en todos los niveles socioeconómicos de nuestra población. El INE confirmó recientemente que el PIB creció un 1 por ciento en el segundo trimestre del año con respecto al primero (tasa más alta desde finales de 2007). Uno de los principales motivos es la recuperación del consumo de las familias (equivalente a más del 50 por ciento del PIB) que vuelve a impulsar la demanda interna. Esta situación puede llevarnos a pensar que la senda hacia la estabilidad y el crecimiento está ya construida, pero conviene no olvidar que es el desarrollo de un sector exterior dinámico, bien diversificado y competitivo el que puede ofrecer mayor estabilidad y prosperidad a largo plazo. Por ello, es necesario  hacerse algunas preguntas: ¿es lo mismo producir y exportar productos agrícolas que maquinaria industrial de alto contenido tecnológico? ¿Qué tipo de empleos crean las empresas exportadoras de nuestro país? ¿Podría la inversión extranjera en determinados sectores ayudar a diversificar nuestra base exportadora creando así mejores puestos de trabajo?

Si atendemos a algunos datos referentes a la composición de nuestras exportaciones por contenido tecnológico podemos observar cómo España sigue exportando mayoritariamente productos con un bajo componente en tecnología. Tanto los bienes primarios como aquellos productos con baja tecnología (36,5 y 16,2 por ciento de las exportaciones en 2012 respectivamente) registran tasas por encima de los niveles medios registrados por la OCDE y la UE 15. Los bienes con mayor tecnología incorporada, que son los que mayores beneficios reportan a la economía nacional, supusieron el 11,5 por ciento de las exportaciones en 2012, más de 6 puntos porcentuales por debajo de la media registrada por la OCDE, UE 15 y resto del mundo. En lo referente a los productos con un contenido tecnológico medio, nos situamos casi 6 puntos porcentuales por encima de la UE 15 y ligeramente por debajo de las tasas registradas en la OCDE y el resto del mundo. En definitiva, nos especializamos en productos muy primarios y en aquellos con contenido tecnológico medio.

El desarrollo de un sector exterior dinámico, bien diversificado y competitivo es el que puede ofrecer mayor estabilidad y prosperidad a largo plazo

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En cuanto a la evolución de la composición de nuestras exportaciones en los últimos años, si tomamos como referencia los ejercicios 2002 y 2012, se aprecia cómo han crecido las exportaciones de productos primarios y manufacturas básicas casi en la misma medida en la que han descendido las de productos de tecnología media, en torno al 7 por ciento. Por otro lado, el porcentaje del total de las exportaciones con alto nivel de tecnología solo ha crecido un 0,8 por ciento en 10 años, del 10,7 al 11,5 por ciento, porcentaje similar en términos absolutos al registrado por los productos de baja tecnología, que descienden en relevancia un 1 por ciento.

Estos datos sugieren que España no ha hecho los deberes en lo que concierne a la diversificación y mejora de la calidad de nuestras exportaciones, entendiendo calidad como nivel de complejidad y contenido tecnológico de las mismas.  Pese al notable crecimiento de nuestras exportaciones, su complejidad no ha aumentado.

Pese al notable crecimiento de nuestras exportaciones, el nivel de complejidad y contenido tecnológico no ha aumentado

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Si comparamos la evolución de las exportaciones de productos de alta tecnología respecto al total de las exportaciones de manufacturas en España, Alemania y un conjunto de países pertenecientes a la OECD considerados de alta capacidad adquisitiva, de nuevo, España, sale mal parada. Nuestro país se encuentra lejos del 16 por ciento que consiguen el grupo de la OECD y Alemania, alcanzando solo un 8 por ciento del total de las exportaciones manufactureras según los datos que maneja el Banco Mundial.

¿Es lo mismo producir y exportar productos agrícolas que maquinaria industrial de alto contenido tecnológico? ¿Qué tipo de empleos crean las empresas exportadoras de nuestro país?

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Una de las consecuencias de no aumentar el nivel de complejidad de nuestros productos mediante una mayor diversificación de nuestra producción y nuestras exportaciones hacia sectores más complejos es que dejamos de crear empleos que requieren mayor formación. El siguiente gráfico presenta de manera bastante clara esta idea, reflejando qué tipos de empleo generan los distintos sectores de una economía. La producción alrededor de los recursos naturales y la agricultura tiende a generar en su mayoría puestos de trabajo poco cualificados, informales y a pequeña escala, mientras que sectores como hardware, la automoción y las tecnologías de la información, generan empleos con alto componente tecnológico y con altas cualificaciones.

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Por tanto, las políticas económicas dirigidas a promover la diversificación productiva son un componente importante de las estrategias de competitividad y crecimiento de numerosos gobiernos y deberían ser una prioridad para el gobierno español. La inversión extranjera directa (IED) en particular podría ayudar en este proceso tendiendo puentes entre la economía doméstica y las cadenas globales de valor de en aquellos sectores clave destino de la IED. Es importante destacar que la IED no solo genera flujos de inversión y empleo directo, sino que  también es responsable de un incremento en las exportaciones, de algunas externalidades positivas en las cadenas de valor a nivel local y de la incorporación de nuevas tecnologías y prácticas de negocio al entramado empresarial nacional.

La inversión extranjera directa podría ayudar a diversificar nuestra base exportadora

Estos beneficios potenciales no son automáticos y requieren políticas activas, eficientes y efectivas para que puedan ser maximizados. Es imprescindible una implementación clara y efectiva de estrategias y políticas de comercio e inversión que respondan a las realidades y aspiraciones de nuestro país y parece evidente que es necesario que nuestro gobierno encuentre vías para mejorar nuestro desempeño en áreas relacionadas con la I+D y  las nuevas tecnologías si no queremos estancarnos y distanciarnos más aún de nuestros competidores. La pregunta clave es, ¿a qué estamos esperando?

 

 

Yago Aranda Larrey

Yago Aranda Larrey

Yago trabaja como consultor especializado en desarrollo económico del sector privado en el Banco Mundial en Washington. Con anterioridad trabajó en la Oficina Económica de la Embajada Española en Nueva Delhi, donde fomentaba las relaciones económico-comerciales entre los dos países. Estudió en la facultad de económicas de la Complutense de Madrid y tiene un Máster en comercio internacional e inversiones por la Fundación CECO, entidad dependiente del ICEX. Le apasionan los viajes y practicar deporte.
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