Las causas de la riqueza

Fotografía de Robert S. Donovan publicada en Flickr bajo licencia CC
Fotografía de Robert S. Donovan publicada en Flickr bajo licencia CC

A menudo se nos anima a explicar las razones de la pobreza en el mundo. Ver la miseria de gran parte de los países y los reductos marginales de indigencia desde la relativa prosperidad de Occidente nos indigna y apela a nuestra humanidad y a nuestro sentido de justicia.

Sin embargo buscar las causas de la pobreza, salvo donde es excepcional, es un error de concepto. La pobreza y la escasez son el estado natural del ser humano. Desde Robinson Crusoe en su isla desierta a una primitiva tribu de cazadores-recolectores, el estado original y primario de la civilización es uno de escasez crónica, subsistencia marginal y miseria. Si queremos reducir la pobreza en el mundo debemos entender y explicar cómo se genera la riqueza y cómo se ha llegado a las actuales cotas de civilización y prosperidad en nuestra sociedad. La pregunta que debemos hacernos no es «¿por qué hay pobres?» sino «¿por qué hay ricos? y ¿cómo han llegado a serlo?»

Incidir en la primera pregunta no solo es empezar la casa por el tejado, sino que a menudo es un atajo demagogo para rápidamente saltar de «buscar causas» a «buscar culpables». Partiendo del también falaz pero muy intuitivo concepto de la riqueza estática, es frecuente concluir que los culpables de la situación de los pobres son los ricos. Es un error natural, puesto que durante largos periodos de nuestra historia la principal fuente de riqueza ha sido la tierra, un recurso de cuantía en principio fija. Con una cantidad fija y estática de riqueza es verdad que una de las principales formas de acumularla era arrebatársela por la fuerza a los anteriores poseedores. Así se han creado imperios y grandes fortunas desde que los griegos empezaron a contar calendas. Tampoco ayuda, por ejemplo, que muchas de las mayores y más visibles construcciones de la antigüedad se irguieran sobre las espaldas de esclavos. Es cierto, gran parte de la historia se ha escrito según la ley del más fuerte y esta ley sigue vigente en nuestro mundo moderno en más espacios de los que nos gustaría.

Sin embargo, si esto fuese siempre así, si la única forma de acumular riqueza fuese únicamente la rapiña y la explotación, viviríamos aún como en el Paleolítico. Para llegar al Neolítico con su alfarería, agricultura y pastoreo ya hace falta generar riqueza de otra forma: hace falta superar el «allá muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo más de tierra». No quiero decir que la violencia dejase de ser una forma de acumular riqueza, pero sí que desde el momento en el que se comienza a crear riqueza, ya existen dos formas de ser rico: crearla y robarla. Ya que el saqueo no solo no crea riqueza, sino que es netamente destructivo redistribuyendo un pastel menguante, parece razonable concluir que las bases de la acumulación actual de riqueza en el mundo y los fundamentos de la civilización son otros. Una civilización próspera y creciente solo puede tolerar un nivel de parasitismo y expolio relativamente pequeño, y se ve abocada a la decadencia y el empobrecimiento en cuanto este supera unos límites. Si hay más ladrones y explotadores que trabajadores en la tribu, esta se empobrecerá.

Existen dos formas de ser rico: crear riqueza o robarla

Indudablemente somos ahora mucho más ricos que nuestros ancestros del Neolítico. En algunos países, el ciudadano medio tiene un nivel de vida superior incluso al de reyes y emperadores del pasado. Se deduce por tanto que en los últimos siglos debe haberse dado mucha más creación de riqueza que explotación y robo. Esto es especialmente claro en los últimos tres siglos, que es cuando más rápidamente ha crecido el nivel de vida y la prosperidad en Occidente. . Según datos de Maddison Project, el PIB per cápita en el mundo pasó de ser 712 $ en 1820 a 7,814 $ en 2010. Es decir, en menos de un bicentenario, el PIB per cápita medio incrementó en un 997 %. Por lo tanto parece razonable considerar que la mayor parte de la riqueza existente en el mundo está en manos de personas que la han acumulado de forma creativa y no extractiva. Esto no significa que no siga habiendo explotadores y ladrones, simplemente que no pueden ser mayoría puesto que si eso fuese así no habríamos prosperado tanto en el pasado reciente.

Entonces, ¿cuáles son las causas de la riqueza? ¿Cómo se crea?

Sólo hay una respuesta válida: la acumulación de capital. Toda nuestra prosperidad se debe la acumulación de capital humano, industrial e intelectual que nos permite trabajar con una mayor productividad, generando así mucha más riqueza de la que jamás podría crear un trabajador de tiempos del Imperio romano. El capital permite la producción indirecta, y más eficiente, de bienes de consumo. El pescador sin barco y sin caña no puede ni soñar competir en productividad con aquel que dispone de las herramientas adecuadas. El agricultor del Neolítico no puede ni imaginar la abundante cosecha que es posible con tractores y fertilizantes.

Toda nuestra prosperidad se debe la acumulación de capital humano, industrial e intelectual

La otra cara de la moneda, sin embargo, es que la acumulación de capital solo es posible mediante el ahorro. Solo consumiendo menos de lo que producimos liberamos recursos, tiempo o materias primas, para dedicarlos a la creación de herramientas de trabajo. El pastor que consume todos los nuevos corderos no verá crecer su rebaño. El ahorro permite la acumulación de capital, que permite la producción indirecta de bienes de consumo, aumentando la productividad y permitiendo a su vez más ahorro. Dado que esto es fácil de comprobar a nivel individual, podríamos extrapolarlo para toda la civilización humana de forma intuitiva.

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Este círculo virtuoso es la base de toda la prosperidad moderna. Con este modelo como herramienta resulta muy interesante volver a plantear la pregunta anterior: ¿Por qué son pobres los coreanos del norte? Precisamente porque la inexistencia de derechos de propiedad individual impide totalmente el ahorro y por lo tanto la acumulación de capital y las élites extractivas que forman su gobierno mantienen al pueblo aislado del capital acumulado que podría llegar desde el resto del mundo, aumentando la productividad de los trabajadores.

¿Por qué se empobrece Venezuela o Argentina? Porque a golpe de «exprópiese» e inflación se está destruyendo el ahorro de sus ciudadanos y obligándoles a dedicar todos sus recursos restantes a cubrir sus necesidades básicas. No solo no pueden acumular más capital, sino que se están descapitalizando para sobrevivir. En estos países hay más robo, redistribución y explotación que creación de riqueza.

¿Por qué se están sumiendo en la indigencia los pueblos de Iraq y Siria? Por la guerra, el mayor ejemplo de robo y destrucción de riqueza que existe. En tiempos de guerra prevalece absolutamente la versión más básica de la ley del más fuerte y ahorrar o crear riqueza se convierte en una actividad de riesgo, cuando cualquier matón con un fusil puede saquear y matar a su antojo.

La buena noticia es que la receta para la prosperidad es sencilla y funciona casi sin excepción allá donde se aplica, ni siquiera hace falta entenderla, ya que la gente actúa de forma lógica en su propio beneficio cuando el entorno establece los incentivos correctos.

Paz, defensa de los derechos de propiedad privada y libertad individual. No hace falta más. Con esas bases las personas y familias ya tienen todo lo necesario para trabajar y buscar su propio camino hacia una vida mejor. Ha funcionado siempre y en todos los sitios en los que se ha aplicado esta receta, incluso de forma imperfecta o limitada.

No es una receta mágica, no saca a los pueblos de la pobreza de la noche a la mañana, es un proceso inicialmente muy lento pero con rendimientos crecientes y progresión geométrica. Eso significa que durante años o décadas continúa habiendo situaciones absolutamente indignas que hay que intentar paliar. Pero funciona. No puede decirse los mismo de otras recetas que se han probado históricamente.

 

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