Las ratitas wister

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Tus manos y tu tripa se iban hinchando.
Yo sabia que ahí debajo estaban las ranas flecha
revolcándose en todos tus tejidos,
porque a esas horas ya eras un boceto poco trabajado
Y yo no aguantaba mirar tus ojos llenos de gasolina.

 

Tengo agujeros negros muy finos en el corazón,
hilos negros que absorben como el patrón de la luz.
Me dicen que de valor a los recuerdos,
Pero yo solo veo tu ropa flotando en el vacío,
Tus blusas deshilachadas acercándose a planetas huérfanos.

 

En los hospitales los estudiantes juegan con las ratitas,
les cosen y descosen las tripas,
les meten células cancerígenas y a ver que pasa,
les abren y cierran como si fuesen una cartera,
hasta que al final, su cuerpo lleno de cicatrices
y harto de respirar con los órganos abiertos, sucumbe.

 

Y viene luego la siguiente rata,
con los mismos ojos opacos, con sus manitas finas y rosas.
Intento ocultar que soy una ratita wister llena de cicatrices,
pero tengo agujeros negros muy finos en el corazón,
hilos negros que absorben como el patrón de la luz.

 

En que universo se amontonarán tus átomos
de tal manera que emulen tus manos.
De tal manera que fabriquen tu cuello,
tus cuerdas vocales de tal manera.