Otra forma de vivir, otra forma de rodar: Entrevista a Alba González de Molina

La actriz francesa Marine Discazeaux interpretando a Julie. Foto: Zhana Yordanova
La actriz francesa Marine Discazeaux interpretando a Julie. Foto: Zhana Yordanova

 

—¿Eres feliz? —pregunta ella, después de años sin verle.

—Supongo —responde él—. No suelo hacerme esa pregunta muy a menudo. ¿Qué sentido tiene? Hay que tomar las cosas como vienen.

Este fulminante diálogo entre los protagonistas de la película Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961), unos jovencísimos Natalie Wood y Warren Beatty, obliga al espectador hacerse esa difícil pregunta. ¿Pero qué haces cuando te das cuenta de que no eres feliz y no te habías dado cuenta, porque no te lo habías preguntado? ¿Te conformas, te resignas o te escapas?

Toda excusa es buena para volver a ver una escena con Warren Beatty, pero en este caso lo hemos hecho para hablar de Julie, el primer largometraje de la joven directora Alba González de Molina (26 años), donde una misteriosa mujer llamada Julie huye de sí misma y de todo lo que la rodea. La película se rodó hace unos meses en una ecoaldea del valle del Bierzo (León), después de que sus habitantes aceptaran finalmente que un equipo técnico de unas treinta personas (en su mayoría mujeres) conviviera con ellos durante un mes. En estos momentos Alba está en la mesa de montaje, pero nos dedica un rato para hablarnos de un proyecto que parece estar siempre en el límite —como su protagonista—, luchando entre polos opuestos, decidiéndose entre lo urbano y lo rural, lo animal y lo humano, lo ficticio y lo documental.

 

¿En qué momento decidiste embarcarte en la aventura de rodar tu primer largometraje?

Al terminar la carrera de Comunicación Audiovisual, me dije «¿y ahora qué? Algo tendré que inventarme». Un año antes había hecho un documental llamado Stop! Rodando el cambio con unas amigas (que, por cierto, se proyecta este 3 de octubre en Cineteca Madrid dentro del Another Way Film Festival), centrado en la búsqueda de alternativas al sistema capitalista basándonos en la teoría del decrecimiento. Como me vi capaz de hacer un largo documental pensé que el siguiente reto era hacer uno de ficción.

Pocos rodajes de cine han visto trabajar a tantas mujeres juntas. Foto: Zhana Yordanova

Pocos rodajes de cine han visto trabajar a tantas mujeres juntas. Foto: Zhana Yordanova

¿De dónde parte el guion de Julie?

La semilla de esta historia fue una conferencia de Carlos Taibo. Nos reunimos unos cuantos y sacamos el tema de las escuelas libertarias y otras formas de enseñanza. A partir de ese momento todo este mundo me picó la curiosidad. Lo segundo que terminó por impulsarme a hacer la película fue el conocer a la actriz Marine Discazeaux. Nada más verla supe que era quien tenía que interpretar a Julie, y se lo propuse cuando aún no tenía ni dos líneas escritas. Ella me dijo que sí sobre la marcha. Diez días después me marché a Inglaterra y fue ahí donde se gestó Julie, en una caravana aparcada en diversas granjas perdidas con mi amiga Paula, quien escuchaba pacientemente día tras día cada línea que añadía al guion.

Lo más emocionante fue ver la cantidad de desconocidos que apoyaban la película, financiándola sin querer nada a cambio a través de crowdfunding

Conseguiste sacar el proyecto adelante en gran parte gracias a una exitosa campaña de crowdfunding en Verkami, donde también presentábais un teaser trailer. ¿Qué sentiste al tener el apoyo e ilusión de toda esa gente que seguramente apenas conocías?

La verdad es que fue muy emocionante ver cómo cada día iban subiendo los mecenas e íbamos cumpliendo nuestros objetivos. Aunque más emocionante todavía era ver la cantidad de desconocidos que apoyaban la película financiándola sin querer nada a cambio, teniendo en cuenta que nosotras también éramos unas perfectas desconocidas. Pienso que este modelo de financiación es lo mejor que le ha podido pasar a la gente que pretende llevar a cabo sus proyectos y no reciben ayudas del Estado, más todavía cuando estas menguan cada año y proyectos así parecen tarea imposible. Es muy difícil hacerse un hueco en la industria de la manera convencional, por ello hay que inventarse nuevos medios, y arriesgar como buenamente se pueda. Julie tuvo mucha suerte porque, además del dinero obtenido por crowdfunding, el empresario Mariano Baratech apostó por este proyecto por amor al cine y amor al riesgo, convirtiéndose en nuestro productor ejecutivo.

Las risas de esta habitante de la ecoaldea daban energía constante al equipo. Foto: Zhana Yordanova

Las risas de esta habitante de la ecoaldea daban energía constante al equipo. Foto: Zhana Yordanova

Seguimos ahondando en los orígenes de Julie… ¿En qué te inspiraste a la hora de concebir y desarrollar esta película durante los dos largos años de preproducción? Libros, películas, canciones, experiencias…

Durante el proceso siempre me acompañó como banda sonora Sigur Rós, temas como Fjögur píanó o Ekki múkk que repetía una y otra vez, temas instrumentales y ambientales, que me sumergían en un bucle, al igual que Bon Iver o Ben Howard me ayudaban mucho a inspirarme y, cuando me ponía muy nerviosa, la música clásica era mi salvación.

Pero realmente a quien escuchaba sin cansarme era a la que a día de hoy está creando la banda sonora, y quien ya hizo la música para el teaser. Se llama Belén Álvarez Doreste y es la que pone la letra, la voz, la música y el alma a Bel Bee Bee. Cuando la escuché en Inglaterra, mientras escribía esos primeros bocetos de guion, pensé que quería que fuera ella y su música las que ambientasen Julie. No me cabe duda de que hará maravillas con la música de Julie. La sensibilidad que tiene es superior, de otro planeta.

Mientras escribía esos primeros bocetos de guion, pensé en Bel Bee Bee para hacer la banda sonora

En cuanto a la lectura durante estos dos años fui muy poco estable, leía novelas pero sobre todo mucho sobre cine, como por ejemplo La Nouvelle Vague de Michel Marie, On Film-making de Alexander Mackendrick o La Experiencia Fílmica; cine, pensamiento y emoción de Imanol Zumalde, y ocupaba mis pocas horas libres en ver cine y más cine. Me empapé de cine francés, y me enamoré de su tempo, de su idioma, de su acento, y de su manera de afrontar el «drama»; desde directores de la nouvelle vague hasta los más actuales, como Alain Guiraudie o Bruno Dumont con su espectacular Camile Claudel 1915. Y luego salté por diversos países: Grecia con Giorgios Lanthimos, Suecia con Fredrik Edfeldt o Rusia con Andrei Zvyagintsev, y un largo etcétera. Pero realmente lo que más me inspiró para crear Julie fue estar en el pueblo donde rodamos, rodearme de toda esa gente, e ir gestando poco a poco este proyecto con ellos.

La sala de vestuario y maquillaje era el foco de atención de todos los niños y animales. Foto: Zhana Yordanova

La sala de vestuario y maquillaje era el foco de atención de niños y animales. Foto: Zhana Yordanova

«¿Qué pasaría si propongo rodar allí una película?» Le pregunté a uno de los habitantes de la ecoaldea. Me contestó, «yo te dejo mi casa, ven y prueba, aquí todo es posible»

La película está rodada en una recóndita ecoaldea del valle del Bierzo (descubre aquí el proyecto de Asociación Km. 28). ¿Cuándo conociste este lugar y por qué tenía que hacerse aquí y no en otro sitio?

Cuando rodamos Stop! Rodando el cambio fue el primer sitio que visitamos. Me obsesioné completamente con este lugar, en lo más recóndito del valle se encuentra este pueblito salpicado de casas imperfectas de madera con grandes ventanales. Allí conocí a varias personas y mantuve contacto con uno de ellos en particular. Él fue con quien, dos años después, contacté para preguntarle, «¿qué pasaría si propongo rodar allí una película?». Me contestó, «yo te dejo mi casa, ven y prueba, aquí todo es posible». Y allí fui, con Marine Discazeaux, las dos con nuestras mochilas, a convencer a un pueblo perdido de la mano de Dios.

Cuando llegamos, nos presentamos a la asamblea general que se hace cada cuatro meses, y después de que todos los habitantes hablasen de sus cosas, Juanjo, el maestro del pueblo, nos presentó como un proyecto de la escuela. Delante de toda esa gente hicimos la propuesta y explicamos de qué iba a ir la película. A partir de ahí, los amigos que hicimos fueron poco a poco convenciendo a los habitantes para dejarnos rodar allí.

Las dos actrices principales, Marine Discaceaux y Silvia Maya, relajándose entre toma y toma. Foto: Zhana Yordanova

Las dos actrices principales, Marine Discaceaux y Silvia Maya, relajándose entre toma y toma. Foto: Zhana Yordanova

¿Cómo aceptaron los habitantes del pueblo la intrusión de un equipo de cine?

Nosotros nos adaptamos lo máximo que pudimos, empezando por utilizar lo menos posible los generadores, ya que allí no hay electricidad. Nos ofrecieron su energía solar, y con ella conseguimos rodar aproximadamente un 80 % de la película.

Me sorprendió mucho ver cómo la gente del equipo no tuvo ningún problema en adecuarse a las condiciones de vida de allí, como, por ejemplo, hacer sus necesidades en un baño seco o compostoliet. Ellos, por otro lado, aprendieron cómo era la dinámica de un rodaje; sobre todo los niños, que dejaron de ir a la escuela esos días para echarnos una mano en algunos departamentos e incluso participar como actores (ver aquí el casting de niños).

Sinceramente, no creo que haya habido grandes desventajas. Las dificultades para llegar al sitio, la falta de cobertura o de electricidad para mí eran una aventura y creo que eso era lo que hacía más atractivo todavía tanto el pueblo como el proyecto. Compartimos grandes momentos y creo que fue algo recíproco y enriquecedor por ambos lados.

La directora Alba con los niños, presentes y activos durante el rodaje. Foto: Zhana Yordanova

La directora Alba con los niños, presentes y activos durante todo el rodaje. Foto: Zhana Yordanova

Las dificultades para llegar al sitio, la falta de cobertura o de electricidad para mí eran una aventura

El reparto se divide entre actores profesionales y actores no profesionales, la gran mayoría los habitantes del pueblo. ¿Qué destacarías de la experiencia de dirigir a unos y a otros?

Nunca había dirigido a tanta cantidad de gente y menos a gente no profesional. Fue toda una experiencia y me sorprendieron gratamente. El trabajar con los habitantes del pueblo fue lo que más me motivó, y me dio pena no haber tenido más tiempo para aprovechar los momentos con ellos. Eso ha sido un gran aprendizaje para la siguiente película. Por otro lado, trabajar con actores con experiencia fue un lujo. Actores de la talla de Emilio Linder y Javier Tolosa tuvieron papeles muy cortos pero muy potentes. Por otro lado están actores como Silvia Maya, Juan Martín Gravina, Irene Ferradas, Rikar Gil, Mario Miñano y, por supuesto, Marine Discazeaux. Creo que esta película ha sido la mayor lección de vida que he tenido, por muchos motivos: cada persona me aportó algo. Rodar en este espacio, con esta gente, fue algo que me resulta bastante difícil de describir.

Los momentos más complicados del rodaje fueron durante las secuencias donde simulábamos una asamblea, rodando con veinte personas y a contrarreloj, improvisando diálogos sobre la marcha con todos los actores y habitantes. Fue muy divertido pero muy agotador.

Una de las escenas más difíciles de rodar: la asamblea de habitantes del pueblo. Foto: Zhana Yordanova

Una de las escenas más difíciles de rodar: la asamblea de habitantes del pueblo. Foto: Zhana Yordanova

¿Qué oculta Julie detrás de esa mirada intensa pero ausente?

Si lo cuento haría un spoiler en toda regla. A lo largo de la película iremos descubriéndolo e iremos aprendiendo a leer en sus ojos, en sus escasas palabras y en sus actos que algo en ella no va bien, quizás sean cosas del pasado o cosas que no sepa proyectar en el futuro, y sea ese uno de los motivos por el que decide huir.

Creo que todos hemos tenido esa necesidad de hacer las maletas y salir huyendo, dejando atrás una vida que no nos satisface o unas vivencias que queremos borrar

Nos encantan las fotos que publicábais en Facebook de la fotógrafa búlgara Zhana Yordanova, y que acompañan este texto. ¿Habrá making of de Julie?

¡No me extraña! Zhana es muy grande, por eso la quise en el proyecto, su forma de fotografiar me enamoró profundamente. Y sí, habrá making of, y estoy muy ansiosa por verlo. Creo que me apetece más verlo que la película en sí, ya que el rodaje fue toda una odisea.

 

¿Nos contarías alguna anécdota que ocurrió durante el rodaje?

La historia que se lleva la palma de oro ocurrió durante la semana que le dimos uso constante al generador en horario nocturno. Intentábamos llevarlo lejos del set y taparlo con colchones que amortiguasen el ruido. Pero pese a nuestros intentos, un habitante se mosqueó y nos echó azúcar en el generador. Al día siguiente, unos habitantes del pueblo vinieron a despertarme porque se había convocado una asamblea.. Fue un momento increíble ver cómo el pueblo se volcó en averiguar lo que había sucedido, y cómo, a pesar de que ellos no tenían nada que ver, querían hacer todo lo posible para arreglarlo.

A día de hoy sigo intentando estudiar de qué manera se puede vivir de forma rural y urbana, sin perder lo que más me gusta de cada una

¿Qué buscabas comunicar con esta película, y sobre todo, qué buscabas tú a nivel personal?

Mucha gente va a sentirse identificada con Julie, porque creo que todos hemos tenido esa necesidad de hacer las maletas y salir huyendo, dejando atrás una vida que no nos satisface o unas vivencias que queremos borrar.

Mi mensaje es esperanzador, hablo de que no hay buenos ni malos. En esta película no existe esa figura del villano que evita que llegues a tu objeto del deseo; cada personaje es su propio enemigo, y lidiar con él es lo que te hace avanzar y que acabes cerrando el círculo, cerrando un capítulo y comenzando el siguiente.

 

Como punto final de esta entrevista, me gustaría saber cómo ves hoy en día la relación entre la vida rural y la urbana, o cómo harías para obtener lo mejor de una y de otra.

Esa es una gran pregunta. A día de hoy sigo intentando estudiar de qué manera se puede vivir de las dos formas, sin perder lo que más me gusta de cada una. Lo que sí es verdad es que lo rural cada vez está más cerca de lo urbano y, con todo el movimiento de neoruralización, muchísima gente joven rebosante de inquietudes se está yendo a repoblar lugares prácticamente abandonados. Creo que lo ideal sería aprovechar los recursos que la tierra nos da, y cuidarla, y arriesgarnos, y emprender, y luchar por lo que nos da la vida, que no es más que agua, oxígeno y tierra.

Esperar fuera del set de rodaje parece de todo menos aburrido. Foto: Zhana Yordanova

Esperar fuera del set de rodaje parece de todo menos aburrido. Foto: Zhana Yordanova

 

Lucía Solti

Lucía Solti

(1985) Nacida en Barcelona. Soy mitad noruega, mitad italiana; amante del cine independiente y detractora de la pedantería.
Lucía Solti